Greenpeace: "Los uruguayos son viejos piratas conocidos"
En millas náuticas bien podría decirse que la persecución del Viarsa ha hecho que ambos barcos cruzaran medio planeta. Es que desde el 6 de agosto pasado, cuando el Viarsa fue detectado pescando ilegalmente en aguas insulares australianas a la fecha, han prácticamente corrido un tramo en línea recta equivalente casi al viaje hasta Uruguay.
Ayer lunes 25, a las nueve de la mañana hora del este de Australia, los dos barcos se encontraban 1.500 millas náuticas al sudoeste de Ciudad del Cabo, y 1.900 millas este-noreste de las Islas Malvinas.
Ambos buques continúan actuando en una de las áreas más peligrosas de cuanto mapa náutico exista: están en una superficie de fuertes tormentas y densamente sembrada de icebergs, lo que dificulta la navegación. La patrullera perseguidora, la Southern Supporter reportó haber avistado 72 icebergs de relevancia, tan sólo en las últimas 24 horas.
Las últimas informaciones oficiales en esta ciudad avalan lo relatado por LA REPUBLICA. Matt Wardell, oficial de aduanas del Servicio de Guardacostas australiano, aseguró que el Viarsa desobedeció al menos cuatro órdenes de dirigirse a un puerto australiano (Perth), para inspeccionar su carga. Wardell también confirmó que ayer el barco pesquero descubrió las letras con su identificación, las que no habían estado hasta entonces visibles, pudiéndose así lograr una identificación positiva.
Gobierno de piratas
El organizador de las campañas oceánicas de Greenpeace Australia dijo que «el gobierno uruguayo es conocido mundialmente por respaldar las actividades de piratas pesqueros».
Quentin Hanich afirmó que «es imposible que en Uruguay se desconozcan los antecedentes de la flota a la que pertenece el Viarsa, y aún así los embanderan con pabellón uruguayo. Esto ocurrió varias veces ya este año con otros pesqueros de bandera uruguaya en el mundo: el gobierno debería saberlo y actuar; si lo sabe y no lo hace, es otra cosa». La solución al problema según Greenpeace está en dotar de atribuciones a la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos, y no a los países originarios de cada flota, para monitorear y fiscalizar la pesca en la zona antártica. «Sólo control constante y severas penas pueden detener la pesca ilegal en el área», entendió Hanich.
Los peces a que están abocados estos pesqueros son la variedad conocida como «merluza negra» en Sudamérica y «mero» en Japón, cuyo costo alcanza hasta mil dólares por un solo ejemplar. Los animales de hasta dos metros de longitud, provienen de aguas sumamente profundas (hasta 3.500 metros) y tienen la particularidad de ser sumamente longevos. Se estima que los de dos metros capturados tienen unos 50 años.
A diferencia de otros peces, recién comienzan a desovar a los 10 años de edad, lo que incidió en la disminución de los cardúmenes. En gastronomía internacional son catalogados como particular delicatessen. Los especialistas de Greenpeace aseguran que estos peces desaparecerán en los próximos diez años, y en algunas áreas australianas antes todavía.
El gobierno de Australia, declaró a la variedad «merluza negra» dentro de su marco de protección, sumándola al convenio internacional de protección de especies en peligro de extinción (CITES), cuyos países miembros podrían en breve ratificar la decisión australiana. *
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