Es ahijado de Lissidini, único mérito que tuvo para entrar a la Aduana

El niño que Jorge Batlle defendió tiene 32 años

Como insólitas fueron consideradas las expresiones del presidente Jorge Batlle de hace una semana, cuando se refirió a la situación procesal de Víctor Lissidini y uno de sus colaboradores. En medios cercanos a la investigación se estima que le están pasando mala información.

De acuerdo con las nuevas informaciones obtenidas por LA REPUBLICA en torno al escándalo de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA), el pronunciamiento de Batlle realizado a poco de llegar de Paraguay tiene varios errores. En este sentidos, se estima que al Presidente le fue contada una historia que dista de la realidad, o al menos de los hechos que están consignados en el expediente.

El primer mandatario había dicho lo siguiente: «Con respecto al tema del doctor Lissidini, tengo limitaciones claras que he respetado toda mi vida. El Poder Judicial es independiente; sus decisiones, acertadas o equivocadas, son independientes. Yo debo decir que, en esta materia, creo que el doctor Lissidini, al igual que otros directores de Aduanas anteriormente, ha tenido acciones muy firmes para combatir el contrabando. Yo tengo confianza en que el doctor Lissidini, en lo que ha actuado, lo ha hecho con honradez, y en la persecución de aquellos que violan la ley. Las cuestiones procesales las conocemos todos».

Y acto seguido se refirió a otro de los procesados en Carmelo: «No voy a hablar del doctor Lissidini, voy a hablar de un niño que era una especie de mensajero, a quien lo mandaron buscar una motocicleta que la había prestado a la Aduana un comerciante, para que pudiera hacer ciertas diligencias, y como firmó en nombre de la hermana que retiraba la motocicleta para llevarla a la Aduana, a ese pobre niño, jovencito, lo pusieron preso por usurpación de funciones. Me da la impresión de que a veces la interpretación pieletrista de los textos legales no es la más adecuada».

La mala información a la que se referían las fuentes es que en ningún momento Luna firmó un documento en nombre de la hermana, tampoco se trataba de un comerciante el que dio la moto y mucho menos era un simple mensajero dentro del esquema de colaboradores de Lissidini.

 

Le gustó y se la quedó

Las fuentes consultadas al respecto y los documentos en poder de LA REPUBLICA, como así también el auto de procesamiento sobre Ruben Luna (el niño al que se refiere Batlle) emitido por el juez de Carmelo Carlos Colmenero, demuestran que no solo fue remitido a prisión por usurpar funciones.

Así ocurrieron los hechos: el 26 de febrero pasado Ruben Luna, ahijado de Lissidini, se trasladó a la Planta Industrial que la empresa Motociclo SA tiene en Sayago. Le dijo al encargado que venía a retirar lo que había pedido Lissidini días antes. Entonces le entregaron una moto roja de 125 cilindradas. Antes de retirarse le pidieron que firmara un remito para consignar el préstamo, asentando en el documento los números de chasis, motor y matrícula.

Entonces Luna puso su firma, se subió a la moto y se marchó. La moto nunca estuvo a disposición de la Aduana, ni existe registro de que Motociclo la haya prestado. Las fuentes agregaron que cuando Lissidini dejó el cargo el 20 de mayo tampoco le avisó a su sucesor que había una moto prestada por Motociclo para hacer operativos.

Aproximadamente dos meses después del cambio de director, y cuando las pesquisas en Carmelo estaban avanzadas, los efectivos de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia encontraron la moto en la casa «del niño» Luna. No pudo justificar por qué la tenía él y no la había dejado en la Aduana cuando su padrino se fue junto a ellos del organismo.

Por esta causa fue procesado con prisión por «un delito de apropiación indebida». El juez tuvo en cuenta esta afirmación hecha por Luna durante las indagaciones: «La moto la fui a buscar a Motociclo por orden del director Lissidini, en donde me dieron un papel el cual yo firme como préstamo para mí, para yo trabajar para la Aduana o sea que el único que la podía manejar era yo».

 

Usurpador

Las investigaciones dirigidas por el juez Colmenero también permitieron demostrar que el único mérito para trabajar en la DNA que tenía Luna era ser ahijado de Lissidini. De sus declaraciones, una vez que fuera detenido, se concluye que lo sostenido por Lissidini y su abogado, Gustavo Salles, no se ajusta a la realidad en relación a que no había nadie que usurpara funciones, ya que se trataba de informantes o gente que había quedado sin contrato.

En uno de los sumarios abiertos en Carmelo, Ruben Luna dijo: «Yo realizaba trabajo de apoyo en la Oficina 518 para dar una mejor ubicación en donde se iba a realizar el procedimiento, trabajando en la computadora de la Aduana, aportando los planos para una mejor localización, como también por tema de matrículas consultaba al señor García (chofer) alias «Chacho» que el conseguía los datos. También ayudaba a clasificar mercadería y contar, como también levantaba denuncias, hacia vigilancias». O sea que hacía todo lo que le corresponde a un funcionario aduanero, pero sin serlo, y por eso fue procesado por «un delito de usurpación de funciones». *

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