Pesquero uruguayo "Viarsa I" era perseguido ayer por siete países
La cinematográfica persecución del pesquero uruguayo «Viarsa I» en el Atlántico Sur, tendrá importantes derivaciones diplomáticas entre Uruguay y Australia, y en el ámbito de las organizaciones internacionales vinculadas al uso de los recursos marítimos.
El barco de la empresa Navalmar SA, que tiene antecedentes en denuncias de pesca ilegal, estaría operando para la empresa española Vidal y la mayoría de su tripulación estaría compuesta por marinos gallegos que entrevistados por el diario «La Voz de Galicia», dijeron estar de buen ánimo pese a la huida. En un reportaje difundido por la publicación española se confirmó que el «Viarsa I» tiene suficiente combustible para llegar a Uruguay y se indicó que la faena ilegal de merluza negra le reportaría a la tripulación unos 4.800 euros mensuales ($ 150 mil).
El ministro de pesca australiano, Ian MacDonald, señaló su malestar con las autoridades uruguayas y advirtió que la situación generará una revisión de las posiciones que Australia mantiene en organismos internacionales.
Una persecución internacional
Las autoridades de Australia y Sudáfrica procuraban, al cierre de esta edición, cercar al pesquero de bandera uruguaya «Viarsa I» que desde hace doce días es perseguido en el Atlántico Sur por el patrullero aduanero «Southern Supporter», luego de verse sorprendido pescando en jurisdicción australiana.
El «Viarsa I» propiedad de la empresa Navalmar SA, registrada legalmente en Montevideo ante la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), dejó de reportarse ante las autoridades marítimas uruguayas el pasado 6 de agosto y desde dos días después huye del patrullero australiano.
El titular de Dinara, capitán de navío (r) Yamandú Flangini, declaró que no es seguro que el barco perseguido sea realmente el «Viarsa I», aunque así se haya identificado su tripulación ante los aduaneros australianos, pero indicó que se dio orden a la nave de retornar al puerto de Montevideo.
Australia acusa al barco uruguayo de pesca ilegal en una zona no autorizada por la Asociación de Pescadores Legales de Merluza Negra (Colto), a la que pertenecen ambos países, y solicitó a Sudáfrica ayuda en la persecución que se registra a unas 1.200 millas al sur del continente africano.
El intento de captura se realiza en una zona de difícil tránsito, donde a una fuerte tormenta de viento y nieve se suma la presencia de capas de hielo que impiden el envío de la embarcación oceanográfica sudafricana «SA Agulhas», dotada con dos helicópteros que permitirían el abordaje del pesquero.
En las últimas horas han comprometido su apoyo en la detención del pesquero uruguayo las autoridades de Estados Unidos, Canadá, India, Alemania y Gran Bretaña, quien sería la que tendría mayores posibilidades de interceptar al «Viarsa I» que deberá pasar cerca de Islas Malvinas en su camino a Uruguay.
Denuncian «bandera uruguaya»
El «Viarsa I» figura dentro de los barcos con permiso de pesca «D», que por el artículo 16 del Decreto 149/997 del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, están autorizado a operar exclusivamente fuera de aguas jurisdiccionales uruguayas y de la zona del tratado del Río de la Plata.
El permiso de pesca extendido por la Dinara al «Viarsa I» (resoluciones 39/2000 y 101/2000) le habilitaba a utilizar un sistema de palangres para capturar merluza negra, fauna acompañante y crustáceos, con la prohibición expresa de hacerlo en aguas administradas por la Comisión para la Conservación de los Recursos Biomarinos de la Antártida (Ccamlr).
El Ccamlr exige para este tipo de pesqueros un sistema de monitoreo satelital conocido con la sigla VMS (que fue precisamente el que se dejó de transmitir en el «Viarsa I»), para verificar que las actividades de pesca se realicen de acuerdo a disposiciones y reglamentos internacionales.
Un vocero del Colto, Tim Reddell, afirmó ayer en Sudáfrica que «si fuera verdad que los dueños y operadores del Viarsa falsificaron los informes de posicionamiento satelital enviados al gobierno de Uruguay, esto tendría importantes ramificaciones no sólo para el gobierno de ese país», sino para todo el sistema de monitoreo utilizado por Ccamlr.
Las agencias internacionales de noticias, sin embargo, manejan las sospechas de fuentes no identificadas de organismos internacionales, sobre la permisividad de las autoridades uruguayas en el contralor de sus pesqueros de ultramar y no descartan incrementar los sistemas de verificación.
Con controles y sin sanciones
Fuentes de la Armada, interrogadas por LA REPUBLICA, confirmaron que el VMS del «Viarsa I» ha dejado de emitir señales, pero advirtieron que no existiría una coincidencia entre la última posición registrada el 6 de agosto y el lugar donde Australia dice haberlo avistado dos días más tarde.
Los informantes explicaron que existen disposiciones por las cuales si el sistema de identificación no funciona el barco pesquero está obligado a ir al puerto más cercano, para que las autoridades de la Armada uruguaya inspecciones la falla en la embarcación.
Las fuentes explicaron que se comunicó al «Viarsa I» que fuera a puerto para inspección y que tiene cesados los certificados de la autoridad marítima, pero la embarcación decidió llegar a Montevideo para ser inspeccionado y eventualmente sancionado en Uruguay.
El 11 de julio de 2002, la Dirección Registral y de Marina Mercante (Dirme) emitió la Circular Nº 004/2002 en la que reclamaba a los buques pesqueros nacionales de ultramar con puerto de despacho en el exterior, la firma de un formulario «Alfa» que permitiera el control de actividades de la flota «uruguaya».
La circular tenía como destinatarios al Prefecto Nacional Naval y a siete empresas con irregularidades en la presentación de sus roles de navegación (nombres de la tripulación).
Una de ellas era Navalmar SA, propietaria de «Viarsa I», que por incumplimiento fue sancionada con sólo 100 UR de multa. Las autoridades consultadas explicaron que se está intentando incrementar el monto de las multas que resultan insignificantes en relación a las ganancias que pueden obtener los pesqueros si omiten cumplir con las normas. El «Viarsa I» tendría a bordo un cargamento valuado en un millón de dólares. *
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