Raptaron a menor fugada de la casa y la obligaron a prostituirse
Fueron once días los que la menor estuvo retenida bajo amenazas de muerte por los explotadores, que ayer fueron procesados con prisión por el delito de proxenetismo. El fin del calvario se dio en un contexto insólito: la joven interceptó el paso de un muchacho simulando ofrecerle sus servicios, ya que los proxenetas la vigilaban. El cliente terminó siendo un joven policía que supo actuar con inteligencia ante la inesperada situación.
Eran la 1 y 30 de la madrugada del pasado jueves 14 de agosto. El agente policial caminaba en dirección a Garibaldi y General Flores. Estaba fuera de su turno de servicio y vestía de civil. Antes de llegar al cruce mencionado la jovencita lo abordó. Desde la esquina la observaban sus tres captores, que creyeron que estaba «chamuyando» a un cliente. Vieron que el joven se detenía y entablaba conversación, por lo que creyeron que todo transcurría normalmente.
Luego de unos segundos, uno de ellos se les acercó. Le dijo a la chica que volviera con 70 pesos. El agente comenzó a creer en la historia que la muchacha le estaba contando. Y sin revelar su condición de policía, le siguió el juego al desconocido, que tras marcar la tarifa se había vuelto a reunir con sus laderos. El agente le dijo a ella que les avisara que tomarían un taxi y que en 20 minutos regresaría con el dinero. Los tres estuvieron de acuerdo.
La charla
Antes de que el proxeneta se acercara a pedir la plata, la víctima había logrado narrar al joven, sin saber su condición, lo que le estaba pasando. Con gran nerviosismo le aseguró que los tres individuos de la esquina la estaban obligando a prostituirse desde hacía varios días. Le exigían determinada cantidad de plata por noche para tener derecho a un techo, pero que no tenía opción, ya que estaba amenazada y vigilada todo el tiempo. Le pidió que la ayudara a escapar.
Cuando uno de los desconocidos entró en acción, el hasta ese entonces desconcertado policía confirmó lo que estaba pasando. Cuando ella regresó de avisar que tomarían un taxi, esperaron unos minutos antes que viniera uno libre. Una vez en el coche, el agente le dijo a la chica quién era, luego de lo cual le indicó al chofer que se dirigiera a la Seccional 13ª.
Una vez en la comisaría, el policía informó a las autoridades a cargo qué era lo que estaba pasando. La muchacha fue resguardada y se dio cuenta al juez, al tiempo que un equipo de efectivos se dispuso a dirigirse a donde estaba el trío de abusadores. Ellos estaban esperando que llegara la menor con la plata, pero en cambio aparecieron unos cuantos uniformados.
Intentaron desvincularse de las acusaciones, pero no fueron escuchados. Quedaron detenidos y fueron conducidos a la dependencia.
Epílogo
Para ese entonces, ya había sido contactada la madre de la víctima. En su presencia la chica fue indagada y completó la historia que había comenzado a contar momentos antes. El 3 de agosto pasado se había ido de su casa enojada con su madre porque no quería concurrir a una consulta médica. Caminando llegó a una placita sita en las inmediaciones de Garibaldi y Ramón Del Valle Inclán.
En determinado momento, mientras fumaba, tres hombres jóvenes se le acercaron y le pidieron un cigarrillo. Se pusieron a charlar y ellos le dijeron que no la conocían del barrio, y entonces ella les contó qué le estaba pasando. Ellos se mostraron comprensivos, y como demostración le ofrecieron darle techo a cambio de nada.
Pero cuando ingresaron a una finca sita en Guadalupe, entre Ramón Del Valle Inclán y José L. Terra, todo cambió. Quienes en un principio se habían presentado como amistosos le dijeron que a partir de esa misma noche saldría a prostituirse para pagarles el lugar que le daban. La amenazaron de muerte si no aceptaba, y a partir de entonces siempre estuvo vigilada.
También lo estaba en la madrugada del 14 de agosto, pero para ese entonces el miedo que sentía se convirtió en desesperación y decidió solicitar ayuda. La suerte esa vez estuvo de su lado, y el joven en el que decidió confiar resultó ser un policía.
El juez penal de 10º Turno, Rolando Vomero, procesó con prisión a Leonardo Armando Benavente, de 24 años, SGSD de 26, y MARP de 25 por «un delito de proxenetismo». *
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