Un joven, ex sicario del narcotráfico, lidera hoy el Movimiento No Matarás

Colombia, donde la violencia se tapa con más violencia

Hace cinco años, junto con varios jóvenes de dos pandillas rivales dedicadas al hurto y al asesinato por encargo, reconocieron estar cansados de la violencia y firmaron un pacto de no agresión.

Como resultado de esto, y con el apoyo de la Iglesia Católica, Fernando y varios amigos fundaron el Movimiento Solidario por la Vida y el Desarme No Matarás, especializado en la resolución de conflictos.

«Fuimos conscientes de que nos estábamos haciendo daño y teníamos que cambiar. La Pastoral Social creyó en nosotros, nos apoyó, y por fortuna esto es realidad», dijo el joven a la AFP.

Su entusiasmo contrasta, sin embargo, con la amarga realidad de la violencia que sigue atrapando a cientos de jóvenes de Medellín y de otras barriadas humildes de Colombia.

Fernando cuenta que las guerras en las comunas de su ciudad se desencadenaban por disputas territoriales y hasta por una mala mirada. «Nos disputábamos territorios; en otras ocasiones los problemas eran porque alguien le caía mal a otro, se había robado algo o había insultado a otra persona, y entonces venían las venganzas», precisó.

Dentro de esa lógica de continuas agresiones, «los valores morales y la vida han ido perdiendo todo valor», lamenta.

«No importa pasar por encima de quien sea con tal de conquistar ideales con razonamientos como: ‘Si me muero y nada me llevo, por lo menos le dejo una casa a mi mamá’. Hay quienes también dicen: ‘Tener un hijo antes de que me maten y asegurarle su futuro’. De esa manera, estos muchachos quieren proteger a sus familias, compensar el duro y mal remunerado trabajo de sus padres», explica.

También recuerda que hace una década los capos de la droga pagaron a los jóvenes sicarios de Medellín un millón de pesos (unos 800 dólares de la época) por cada policía asesinado. En la actualidad, asegura, un adolescente puede matar a una persona sólo para ser aceptado en una pandilla, que  a su vez  fija el valor económico de las víctimas según su importancia.

«Todos estos hechos sólo generan más violencia. Cada acto trae una consecuencia peor; se roban una motocicleta y luego vienen los muertos», sostiene el gestor de No Matarás.

Para Fernando, la violencia intrafamiliar, el rencor por el crimen de un pariente, la pobreza y el abandono estatal son los factores que empujan al delito a los jóvenes de los suburbios populares, en una lógica que se reproduce a través de generaciones.

«Pero a eso hay que responder con perdón, con una educación fundamentada en valores y solucionando la pobreza», afirma con tono optimista.

Al movimiento No Matarás están vinculadas medio centenar de personas, varias de ellas ex pandilleros y ex miembros de comandos urbanos de la guerrilla y los paramilitares, que ahora promueven proyectos productivos.

Organizados en «células de vida», los responsables del programa contactan a los delincuentes y les dan a conocer la filosofía de la no violencia, con la cual Mahatma Gandhi gestó la independencia de la India.

«Les brindamos un espacio diferente, les hablamos de liderazgo, autoestima, autocontrol; los motivamos para que se conviertan en líderes de sus comunidades y dejen de ser vistos como los delincuentes del barrio», comenta Fernando. (AFP) *

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