Obligaba a sus hijos menores a recaudar 150 pesos por día y si no les pegaba

Parece mentira las cosas que veo, por las calles de Montevideo

Ella vivía una pensión de la zona de la Aguada. No le faltaba nada. Ni comida, ni ropa, ni los «lujos» que en una pensión uno puede darse. Teléfono y televisión por cable, entre ellos.

Pero además no necesitaba salir a trabajar para mantener su nivel, ya que para eso tenía a los hijos. Desde hace ya largos años que IMSS, oriental, divorciada y 43 años, lucraba con la lástima que sus niños daban en las calles de Montevideo.

Tenía cinco, que desde el sábado están al resguardo del Iname, luego que el juez Penal de 2º Turno la procesara con prisión por «un delito de omisión de los deberes inherentes a la patria potestad».

Los niños tienen 8, 10, 11, 12 y 14 años, y según las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA, todos serían de distinto padre. Hay otra muchacha, de 17 años, también hija de la mujer, pero que tiempo atrás logró emanciparse y formar pareja con un compañero.

Cuando los efectivos del Departamento de Orden Público la contactaron para ponerla al tanto de lo que estaba pasando, ella les dijo que también había pasado por lo mismo. Si bien las fuentes no pudieron precisar el tiempo exacto, afirmaron que desde hacía años que IMSS vivía a costillas de sus hijos.

 

Lágrimas en la vereda

Los funcionarios de la citada repartición de la Dirección de Investigaciones capitalina, afectada principalmente a combatir delitos de drogas y vinculados a la prostitución, se encontraban abocados a una investigación específica. La misma requería una serie de vigilancias en la zona céntrica.

En eso estaban los policías, vestidos de civil para no llamar la atención, cuando vieron un cuadro que los conmovió.

Un niño pequeño, mal vestido y sucio, lloraba sin cesar. Ellos interrumpieron su andar y se le acercaron buscando que se tranquilizara.

Creyeron que si le ofrecían llevarlo hasta la casa se calmaría, pero obtuvieron la reacción inversa. De esta manera empezaba a revelarse el calvario que él y sus hemanitos padecían.

Los policías le ofrecieron comprensión y lo llevaron a la dependencia, para escuchar la historia que no terminaba de contar y al mismo tiempo decidir los pasos a seguir. Antes de indagarlo le compraron dos hamburguesas y él comenzó a devorar. Pero al terminar la primera no pudo continuar.

Su estómago había recibido demasiado alimento para lo que estaba acostumbrado. Supieron los actuantes que estaban ante un caso complejo.

 

El calvario

Ya más tranquilo y seguro de que los policías lo ayudarían, el niño brindó detalles sobre el porqué de su llanto. Todos los días debía, al igual que sus hermanitos, recaudar 150 pesos para poder regresar a la pensión donde vivía su madre y tener derecho a dormir bajo techo. De lo contrario eran castigados, casi siempre con un palo de escoba que la mujer usaba como cachiporra.

Para obtener dicha suma debían mendigar todo el día, lo cual significaba, no sólo que estaban totalmente al margen de la educación escolar, sino también que comían muy mal y estaban expuestos a los factores climáticos, y también a los urbanos. Los cinco se dispersaban al empezar la jornada por la zona céntrica y a lo largo del día iban contando las ganancias.

Mientras tanto, en la pensión, su madre disfrutaba de los beneficios sin ningún tipo de remordimientos. Cuando los efectivos terminaron de escuchar la historia del niño se dedicaron a rescatar a sus hermanitos, y posteriormente fueron a buscar a la mujer. El magistrado recibió el caso con los testimonios de las víctimas y en pocas horas decretó la resolución señalada al comienzo.

Los hermanitos ahora se encuentran bajo el amparo del Iname, habiendo realizado algunas gestiones la hermana mayor de 17 años, a los efectos de poder hacerse cargo. *

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