Para el defensor del ex director de Aduanas, "Uruguay precisa miles de Lissidini"

Doctor Salles: "El crimen organizado está enquistado en el gobierno"

Luego de la remisión a la cárcel decretada a las 2 y 15 de ayer por el juez Carlo Colmenero, Salles cumplió con lo advertido horas antes del pronunciamiento judicial. El profesional egresado de la Universidad de la República expresó que «me van a tener que poner un zapato en la boca para que deje de hablar». También en esa oportunidad les había prometido a los periodistas, que hicieron guardia durante doce horas en la puerta del Juzgado: «Les voy a dejar los micrófonos rojos, sea cual sea la decisión».

Y en ese mismo contacto con los medios, en las primeras horas de la noche del viernes, había afirmado que a las 18 y 30, cuando venció el plazo legal de detención, Colmenero había puesto en libertad a Lissidini, pero que éste le pidió que siguiera con la indagatoria hasta lo último. Lo último llegó a las 2 y 15 cuando los rostros demacrados de periodistas, policías y funcionarios judiciales marcaban el cansancio por la extensa jornada. Ya conocido el envío de Lissidini a Piedra de los Indios, Salles dijo lo que tenía pensado decir. En primer lugar consideró que el fallo fue una «monstruosidad jurídica», al tiempo de anunciar que apelará.

 

La cama

Para Salles, «si este fallo judicial se mantiene va a determinar la más terrible burocratización y paralización de los jerarcas, porque cada uno que venga con ánimo de actuar y reprimir va a decir que es más fácil quedarse en el escritorio, viajar por Europa, ir a los congresos y no realizar más procedimientos. Entonces como antecedente jurisprudencial es inadmisible y debe ser revocado».

Según la visión de Salles, Lissidini fue «el más grande director nacional de Aduanas de la historia del Uruguay», al tiempo de entender que los grupos económicos y la política le tendieron «una cama» a su defendido. El profesional dijo textualmente: «El director nacional de Aduanas del Uruguay del siglo XXI, un Uruguay absolutamente estafado, fundido, pauperizado, y lo que es peor, con el crimen organizado enquistado y colonizando las estructuras de gobierno, un hombre que arriesgó la vida de lo que uno más quiere que son sus hijos, que arriesgó su propia vida en la lucha contra las mafias organizadas, es procesado porque un informante hace una presentación gráfica en la computadora, porque otro va a Motociclo y trae una moto, y porque a 250 kilómetros de Montevideo otro informante se pasa de la raya».

Sin dar nombres propios ya que «el Ministerio Público lo tiene que investigar», el abogado embistió contra el poder económico por «la cama» tendida a Lissidini, maniobra de la que excluyó formaran parte los magistrados actuantes. Concretamente dijo: «Conjeturo que fuera de la intervención de estos magistrados es probable, posible, verosímil, razonable, pensar en una cama. Y los que eventualmente se la hicieron, y que tienen en juego muchos millones de dólares, hoy están brindando».

 

Dinero y mujeres

Sumamente verborrágico a pesar del cansancio y la tensión vivida hasta el envío a prisión de su defendido, Salles reveló que durante su gestión Lissidini fue tentado por la mafia con dinero y mujeres, y que lo amenazaron con dañar a su familia».

Al referirse a esto, el abogado se dirigió, mirando a las cámaras de televisión, a la familia del ex jerarca: «Victoria, Ignacio, Madelon, los hijos de Lissidini tienen un padre incorruptible, de una madera y una esencia que quisieran tener muchos uruguayos.

Este Uruguay necesita miles de Lissidini, un tipo que se enfrentó a la mafia china, al contrabando, a la droga, a las armas, y le tipifican usurpación de funciones».

E insistió: «Un hombre que fue objeto de todo tipo de incitación a la coima, con dinero, con mujeres, el incorruptible de Víctor Lissidini, va preso porque un informante va a buscar una moto, o porque otro atiende un teléfono: desde el punto de vista técnico jurídico penal esto es monstruoso».

La estrategia del abogado apunta a «no sacar de contexto y olvidarse que estamos hablando del director nacional de Aduanas, que trabaja con 1.600 funcionarios y realiza 10 mil procedimientos en el año. La tesis del Ministerio Público peca por absurda porque va contra la lógica de los hechos, porque se le pide a un ser humano una conducta imposible, material e intelectualmente.

Se le pide a Lissidini que estuviera en los 10 mil procedimientos y a la vez controlando que los informantes no se pasaran de la raya».

 

El juez

Después de Salles habló Colmenero sin contestarle al abogado: «Lo que sostuve en el auto de procesamiento es que el doctor Lissidini es responsable de tener dentro de los cuadros de la Dirección de Aduanas a gente que no estaba contratada y no tenían ningún vínculo con Aduana». Y consideró que es directa la responsabilidad del ex jerarca, ya que «permeabilizó la actividad de estas personas que fueron procesadas la vez anterior». *

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