Granaderos bajaron a un joven del bus, lo apalearon y lo dejaron seguir viaje

El diputado Guillermo Chifflet recibió ayer una nueva denuncia por parte de la madre de un joven de 18 años sobre maltrato policial. La mujer narró posteriormente a LA REPUBLICA lo sucedido. Explicó que «todo comenzó el miércoles a las 19 y 30 cuando Johnattan subió al 396 en Aparicio Saravia y Burgues. Junto con él ascendieron un señor mayor y un menor de edad, quien le pidió al guarda que lo llevara sin pagar el boleto. El guarda se negó y le ordenó que se bajara del coche, pero éste ya estaba en marcha. Cuando el jovencito se disponía a descender en la parada siguiente, pasó junto al asiento del guarda y tras robarle el dinero recaudado se dio a la fuga».

El conductor puso «expreso» para ir hasta la comisaría, pero unas cuadras adelante se detuvo al notar la presencia de una camioneta de la Guardia de Granaderos. El guarda informó a los policías lo sucedido y los agentes le dijeron que abriera las dos puertas, ingresando unos por delante y otros por atrás. Cuando se enfrentaron con Johnattan le ordenaron bajar y antes que tocara el suelo lo derribaron de un puñetazo. La entrevistada afirmó que los policías le dijeron «así que vos subiste con el chorro ¿no? decime quién es y dénde vive, no te hagas el vivo que sabemos que sos un pichi.»

Johnattan negó conocerlo y les dijo que estudiaba y jugaba al basquetbol en Aguada. Los policías lo revisaron y le encontraron la boletera, el carné del club y 180 pesos. Entonces le preguntaron de dónde había sacado la plata, y el muchacho dijo que iba al club a pagar la cuota. La explicación no conformó al policía. Un compañero vino y le puso la bota en la espalda, obligándolo a quedarse tendido de cara al piso. Este mismo agente le apuntó con un arma automática grande haciendo mover constantemente el cerrojo diciendo «mirá que se me puede escapar un tiro».

Mientras todo esto sucedía el colectivo continuaba detenido. De pronto los granaderos liberaron al muchacho y le permitieron regresar al bus. Pero los granaderos se quedaron con su carné. Antes de dejarlo ir le dijeron: «Bueno, pichi, no mires y andate».

El joven fue al club donde pagó su cuota pero no dijo nada de lo sucedido, tal vez por vergüenza. De noche llegó a su casa con el rostro marcado por los golpes y allí explicó a sus padres el terror que había experimentado. *

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