Poderosas organizaciones detrás de la explotación sexual de niños y niñas

En México se prostituyen 16 mil menores para conservar la vida

No pasa un día sin que la prensa mexicana conceda unas líneas de horror a los estragos de un negocio que rinde buenos dividendos en ciudades como Acapulco, Cancún, Ciudad Juárez, Guadalajara, Tapachula y Tijuana.

En estas ciudades existen mafias trabajando tras la fachada de amistosas instituciones con supuestos fines sociales: hogares para niños desamparados, estudios fotográficos o agencias de turismo. «Hay toda una industria que se alimenta de la explotación de menores, de la pedofilia y la prostitución. Son redes clandestinas que atraen a niños de la calle o que los raptan, pero también se dan casos de familias que se desprenden de sus hijos pensando que van a tener una vida mejor», dijo a la AFP el sociólogo Alberto Bermúdez, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La gravedad del problema se hace notar incluso en la ficción televisiva. Una de las tan exitosas telenovelas mexicanas, «Las vías del amor», tiene de villano al dueño de un negocio de prostitución y pornografía infantil. Y al principio de cada capítulo los protagonistas le piden al público que denuncien los casos que conozcan.

El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia cifra en 16.000 la cantidad de niños sometidos a vejaciones sexuales con fines comerciales en México, aunque Unicef subraya la dificultad de contar con números fiables.

«Son redes intrincadas y complejas que trabajan en la clandestinidad, debajo de la superficie, y ese es el mayor problema para combatirlas», sostiene Bermúdez.

Para este investigador, los que realmente ganan con el negocio son los líderes de las bandas, como los reyes del narcotráfico, en tanto los que se encuentran en la base de la pirámide apenas se conforman con las migas que se digne a dejarles el jefe.

Un supuesto hogar para niños desamparados bautizado La Esperanza, en Acapulco, regentado por dos estadounidenses, terminó siendo la sede de una sórdida empresa ilegal en la cual ellos reclutaban a niños de la calle o que vagaban en las playas, ofreciéndoles a cambio techo, comida y ropa.

Los niños eran drogados, fotografiados desnudos y obligados a masturbarse y sostener relaciones entre sí o con pederastas extranjeros, además de utilizar sus imágenes para subirlas a una página de Internet, con la cual se promocionaban en el exterior los servicios ocultos de La Esperanza.

Y una vez adentro más vale comportarse, según Bermúdez: «Cuando un niño se pone difícil es más sencillo eliminarlo que hacerlo callar». En Acapulco se encuentran procesados diez estadounidenses, cuatro canadienses y seis mexicanos vinculados a estas actividades, según fuentes de la Procuraduría estatal.

Entre ellos figura el supuesto religioso José Guadalupe Borja, que se hacía pasar como misionero franciscano para aprovecharse de los niños: les aseguraba que les sacaría el demonio del cuerpo. (AFP) *

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