Tiene 28 años y suma ya ocho antecedentes penales; después de hurtar se entrega y confiesa

Joven recorre el país robando para poder comer en prisión

La situación de este muchacho es aún más insólita, teniendo en cuenta que los centros de reclusión de cualquier departamento se encuentran superpoblados, existen problemas sanitarios e, incluso, de comida. Pero, según ha declarado, la realidad exterior es aún más dura que la que se vive detrás de las rejas.

El pasado lunes sobre las 15.00 horas en la Seccional 1ª de Montevideo se escribió su más reciente capítulo. Acorralado por el hambre y el abandono, el joven de 28 años, identificado como Daniel Ismael Alsina Martínez, oriundo de Rocha y poseedor de ocho antecedentes penales, se presentó en la comisaría. Ante el asombro de los policías que lo atendieron expresó que el sábado había robado una moto Hero Puch en el estacionamiento del Hospital Maciel.

Aclaró que su voluntad era ser procesado de nuevo para volver a la cárcel de la que había salido el 9 del mes en curso, en Colonia, ya que, según sus propias palabras, «no tengo domicilio y nada para subsistir».

Tras ser interrogado sobre el episodio, afirmó que el robo lo cometió el sábado de mañana y esperó hasta el lunes para que ingresara la denuncia por el hurto de la moto, y de esa forma tuvieran que registrar su ingreso como detenido en la libreta de la comisaría, dando cuenta a la Justicia.

El joven había hecho su debut en prisión a poco de cumplir la mayoría de edad, y desde entonces alternó sus días entre la reclusión y la libertad efímera. Su condición le hace casi imposible reinsertarse socialmente y encaminar su vida, más aún en tiempos en los que el trabajo escasea hasta para los que no tienen antecedentes.

Ahora su futuro está en manos del juez Penal 11er. Turno, aunque autoridades policiales señalaron a LA REPUBLICA que «muy probablemente sea considerado inimputable, por problemas mentales».

Se informó que el detenido vivía en la calle y se encontraba en estado de abandono, estimándose que el magistrado podría derivarlo al Hospital Vilardebó. Tal vez allí pueda lograr su propósito de tener una cama y comida.

En Colonia

El corresponsal de LA REPUBLICA en Colonia, Gabriel Monteagudo, recordó sobre el anterior episodio protagonizado por este joven, el que no había trascendido hasta el momento, quedando como un caso insólito en las crónicas locales del departamento. Había ocurrido en los primeros días de abril en la ciudad de Carmelo.

A la comisaría llegó Daniel Ismael Alsina Martínez con una bicicleta de dama en sus manos.

El insólito ladrón no sólo se entregó voluntariamente tras consumar el atraco, sino que sus propósitos sorprenderían momentos después a los uniformados.

Frente a los policías que lo recibieron, Alsina Martínez afirmó lo que poco más de un mes después diría en la capital: que la había robado momentos antes en la plaza que se encuentra frente a la Seccional y que quería se detenido porque estaba muerto de hambre y no tenía forma de sustentarse.

El juez lo procesó por hurto y lo envió a la prisión de Piedra de los Indios ya que era poseedor de varios antecedentes policiales.

Pero dadas las características del caso, ladrón confeso que se entrega y devuelve el botín, estuvo poco más de un mes, hasta que le dieron salida en Colonia, llegando hasta Montevideo para reiterar su actuación.

Antecedentes

El tema no es nuevo. Ocasionalmente han aparecido personas marginadas que siempre vivieron del hurto menor y tras acumular antecedentes no conocen otro hogar que la propia cárcel. En la zona del Cerro fue conocido años atrás un marginado apodado «El Pirata», ya fallecido, que no hacía daño a nadie, pero si veía una gallina fuera de su corral se la llevaba para la olla. En una ocasión, tras recuperar la libertad, volvió a caer preso cuando empezaba el invierno. El comisario de la 24ª le preguntó: «¿Otra vez?», a lo que el marginado le respondió: «Y que quiere comisario, cuando llega el frío hay que ir a la cárcel, para pasar el temporal… Por lo menos tengo techo y comida». Entre 1993 y 1994 apareció en Rocha otro veterano que se dedicaba a lo mismo. Salía de la prisión y a los pocos días, cuando apretaba el hambre, volvía por algún hurto menor. El individuo también se entregaba dos o tres días después; devolvía lo robado y confesaba ser el autor, logrando así su entrada a su habitación tras los muros. *

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