Durante meses se dio la gran vida y estafó a decenas de incautos

El inventor de billetes

GMRC, de 27 años, vivió hasta el pasado sábado en la periferia de la ciudad canaria de La Paz. Nunca pensó que la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) se enteraría de lo que él hacía. El sábado de tarde experimentó un cambio obligado de domicilio, cuando el juez letrado de Las Piedras, Otto Gómez, lo envió a la Cárcel de Canelones imputado de un delito de «falsificación de moneda».

Su suerte empezó a estar echada cuando personal del Departamento II, del citado organismo, recibió hace algo más de un mes indicios no de su identidad sino de las actividades que desarrollaba.

Los primeros datos indicaban que en la zona de Colón había una suerte de casa de moneda que fabricaba billetes a buen ritmo y de una calidad aceptable.

Se iniciaron las pesquisas de rigor en la zona, pero en el transcurso de las actuaciones se verificaron algunos informes que situaban al laboratorio clandestino en el departamento Canelones. Hacia allí se trasladaron los funcionarios, hasta que finalmente obtuvieron la posible ubicación del lugar.

Basura clave

Pero en vez de actuar directamente, los encargados de la pesquisa decidieron reunir mayores elementos antes de dar el golpe. Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA explicaron que la basura del individuo jugó un elemento clave en todo este trabajo, ya que al tiempo que permitió confirmar su domicilio, se constituyó en la primera prueba de sus andanzas.

Los expertos en nutrición sostienen que al analizar los desperdicios de una persona se pueden conocer sus hábitos alimenticios e incluso algunos aspectos sobre su salud. En este caso los investigadores simularon ser hurgadores y de esta forma nadie sospechó cuando se llevaban las bolsas que el dueño de casa dejaba en la vereda. El contenido reveló la existencia de papeles con recortes de impresiones de billetes, billetes mal impresos y otros elementos que a la postre se confirmó eran empleados en el proceso de fabricación.

Seguros de que habían ubicado la morada del «inventor de billetes» comenzaron a trabajar en la segunda fase del plan, que consistió en vigilancias sobre sus actividades y contactos. De nada se dio cuenta el investigado, que continuó su vida normal sin percibir que los funcionarios iban recogiendo para su informe a la Justicia cada una de las pistas que él iba dejando.

El sábado pasado se le presentó al magistrado de Las Piedras un completo trabajo que incluía una reseña de lo actuado, las pruebas reunidas hasta ese momento y un relevamiento fotográfico. El doctor Gómez extendió sin más trámite el aval para allanar «la imprenta», situada sobre la calle 17 metros.

Artesano

Fue en horas de la mañana que se llevó a cabo el procedimiento. GMRC vivía junto a sus padres y hermanos, aunque lo hacía en una construcción al fondo de la finca principal. Si bien no lo sorprendieron en la faena delictual, hallaron a simple vista un momento de objetos que venían a echar más claridad sobre las maniobras.

El hombre tenía instalada en su recinto una computadora con scanner incluido. Se incautaron varias unidades de papel de 40 gramos, la materia prima principal que el morador del lugar usaba para la confección del dinero. También se le requisaron productos químicos e hilos de plata originales para darle veracidad a la maniobra.

Las fuentes resumieron cuál era el proceso: el muchacho tenía en su computadora el registro de billetes previamente scaneados, que iban desde los cinco a los 200 pesos. En una primera etapa experimental se había dedicado a reproducir los de menor valor, pero una vez que logró experiencia y ajustar detalles se concentró en los de 100 y 200 pesos.

Entonces imprimía una tanda de billetes de uno de sus lados y en otra hoja aparte el lado faltante. El proceso seguía con la preparación de un pegamento especial, el cual usaba para adherir una y otra cara del billete. Uno de los detalles que más llamó la atención de los pesquisas y del juez fue la existencia de los hilos de plata en las copias incautadas.

El propio implicado explicó, mostrando cierto orgullo, que ese era su toque especial, ya que se los cocía luego de sacarlos de los originales que llegaban a su poder. Una vez que los «clones» estaban secos y cocidos les hacía el proceso de desgaste, para que pareciera que hacía tiempo que estaban en circulación.

Futuro

El autor de la maniobra no tuvo otra alternativa que reconocer el delito. Sostuvo que luego de quedar sin empleo, y ante la imposibilidad de conseguir otro, decidió emplear sus buenos conocimientos informáticos.

Reconoció que desde hacía meses que estaba en el negocio y que había comenzado a probar suerte con los papeles de 500 y mil pesos, luego de tener ya una experiencia satisfactoria con los valores menores. Incluso en el allanamiento se le incautaron algunos pesos y patacones argentinos, lo cual evidenció que su proyecto era incursionar en la falsificación de moneda extranjera.

Si bien el joven confesó todo el proceso «industrial» que realizaba, sólo admitió explicar la forma que usaba para colocar su obra en el mercado. Afirmó que concurría a la feria de Las Piedras y que buscaba los puestos atendidos por menores o personas de avanzada edad, ya que los primeros no conocen las diferencias entre unos y otros, y los segundos no se daban cuenta.

De esta forma compraba las papas, la carne, la yerba, el aceite y los huevos, pero también ropa y otros artículos. Durante varios meses GMRC pudo tener un buen pasar de vida gracias a sus compras fraudulentas, pero también por el cambio que éstas le reportaban y le permitía incursionar en otros ámbitos en los que sus papeles de 40 gramos no pasaban desapercibidos.

Pero los investigadores han reunido en su trabajo otra serie de datos que permitirían afirmar que el ahora inquilino de la superpoblada cárcel canaria, tenía una importante red de «pasadores» de dinero. Las pesquisas siguen, aunque el «inventor de dinero» ya esté entre rejas. Ya no hay quien abastezca a los demás eslabones de la cadena con entre 30 y 40 papeles diarios, o su equivalente en el dinero real que simulaban: unos cinco mil pesos en promedio por día, o 150 mil mensuales. *

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