Insólita y dramática historia ocurrida en la madrugada capitalina

Quiso vengarse del ex patrón y prendió fuego a su mujer

Los planes le salieron mal a Agustín Morales Rey, que quiso tomar venganza de su vecino y ex empleador, propietario de un taller de motos emplazado en Comercio 2237 bis. Hace unos seis meses, de acuerdo con la información obtenida por LA REPUBLICA de fuentes policiales, AMMR fue despedido, lo cual generó resentimiento en el individuo.

Pero no se dejó llevar por la furia momentánea y se dedicó a estudiar la forma de desquitarse. La cercanía de su vivienda con el local de motos, y el conocimiento que tenía de este por haber trabajado allí, le permitían elaborar un plan que creyó perfecto. Estuvo a poco de lograrlo, y a pesar del accidente que puso a su compañera al borde de la muerte, en un primer momento la maniobra pasó desapercibida.

Eran las tres de la madrugada del pasado miércoles cuando en el marco de la furiosa tormenta eléctrica que se abatía sobre Montevideo, los habitantes de la calle Comercio sintieron un estruendo similar a un rayo. Y eso pensaron que había sido.

Instantes después del estampido percibieron que un incendio se desataba en el taller. Dieron aviso a los bomberos, y desde el Cuartel Centenario se enviaron varios equipos para sofocarlo.

Al llegar, los vecinos ya habían iniciado la tarea impidiendo la propagación del foco, por lo cual con el complemento de los soldados del fuego, el siniestro fue rápidamente extinguido. Una moto y otros valores fueron las pérdidas materiales. Las pericias primarias atribuyeron el foco supuestamente a un rayo que provocó un cortocicuito.

La otra historia

Mientras los vecinos y los bomberos procuraban controlar las llamas, en una finca lindera Morales buscaba auxilio desesperado para su compañera, identificada como Olga Mirta de los Santos Cordero. Llamó a una vecina enfermera de profesión, quien se trasladó a su casa y al ver a la mujer le dijo que ella no podía hacer nada.

Estaba toda quemada. El, con sus manos también afectadas por el fuego, le explicó a la mujer que accidentalmente se le había caído nafta sobre el cuerpo de su pareja cuando manipulaban fuego. El dijo haber apagado las llamas con sus manos y por eso las secuelas que presentaba. La enfermera solicitó un taxi y partieron raudamente hacia el Centro Nacional del Quemado del Hospital de Clínicas, donde fue internada de urgencia.

Allí permanece desde aquella madrugada «en estado gravísimo y reservado», explicaron las fuentes consultadas, ya que presenta quemaduras en rostro, pecho, manos y demás partes del cuerpo, al tiempo que las heridas más delicadas y que comprometen su vida las tiene en las vías respiratorias. Al hombre lo curaron y le dieron el alta.

Pesquisa

El hecho llegó a conocimiento de personal de la División Homicidios, que halló algunos puntos dudosos en la historia que le transmitieron desde el Clínicas. Comenzaron a indagar en el escenario del hecho, estudiando el panorama e indagando a los vecinos de la víctima a pocas horas de ocurrido el hecho.

Entonces advirtieron que prácticamente el incendio del taller y el que afectó a De los Santos ocurrieron con pocos metros y minutos de distancia. Sumamente sospechoso. Los pesquisas afinaron las indagaciones y así comenzaron a desenmascarar al individuo. Supieron que tenía cuatro antecedentes penales, uno de ellos por homicidio ultraintencional, tipificación que le cabría en este nueva oportunidad si su pareja fallece.

Averiguaron después la relación que tenía con el tallerista y localizaron a la enfermera. Incautaron una botella derretida por el fuego y un encendedor como pruebas del delito. Para ese entonces la hipótesis del rayo como detonante de las llamas se había «apagado». Nuevos elementos fueron reunidos y después de largas horas de negativa el hombre se quebró y admitió los hechos. Confesó el móvil de la venganza y que momentos antes de ir al taller para incendiarlo, había concurrido junto a su mujer a una estación de servicio para comprar un litro y medio de nafta.

Después sí se dirigieron al local y cuando estaba rociando una moto y dándole fuego con un encendedor, hubo una explosión (el rayo) que derivó en que De los Santos fuera alcanzada con el combustible y «abrazada por las llamas». La apagó como pudo con las manos y huyó hacia su cercana vivienda, donde inventó la historia del accidente para encubrirse. Los funcionarios de Homicidios confirmaron con empleados de la estación la compra de la nafta, lo cual cerraba para ellos el caso, dejándolo ahora en manos de la Justicia.

El hombre fue detenido el miércoles a última hora, y hoy dará cuenta ante la Justicia, mientras su mujer, cómplice inicial del complot, está a punto de perder la vida. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje