Escrito por: LUIS A. CARRO, COLONIA

La mujer, de 29 años, residÃa desde hacÃa dos años en la ciudad de San José donde habÃa contraÃdo matrimonio. Desde el primer momento en que se iniciaron las pesquisas del caso figuró como una de las principales sospechosas, aunque siempre se insistió Âa nivel popular, y de la propia familia Trigo que ella era “apenas una parte de una muy compleja trama en la que habÃa, arriba de todos, personajes muy influyentes y con gran poder económico” vinculados al negocio de las drogas.
Carro Torres se mantuvo en todo momento en la posición de negar cualquier posible vinculación con lo sucedido, pese a lo cual “todos los elementos recogidos fueron suficientes para pedir su procesamiento”, señaló el fiscal Ariel Cancela, de San José, quien reemplazó en la pesquisa a su colega coloniense Mariela Luzzi luego que ésta fuera separada del caso por orden del Fiscal de Corte, Oscar Peri Valdez, por presunta ineficiencia en este procedimiento.
“Fue una investigación muy difÃcil pero se ha abierto el camino hacia la verdad”, aseguró por su parte el jefe de PolicÃa de Colonia, inspector Ricardo Bernal. Para el jerarca “no se puede decir que el caso está totalmente aclarado, pero lo que importa es que se corrió el velo que permitirá llegar al esclarecimiento profundo del hecho”.
Bernal destacó la labor del nuevo equipo policial que se hizo cargo del tema, del que participa el comisario inspector Roberto De los Santos, de la Dirección Nacional de PolicÃa Técnica. También los investigadores valoraron con enorme utilidad la aplicación de “tecnologÃa de fundamental importancia”, en alusión al polÃgrafo o “detector de mentiras” (como se lo conoce en la jerga popular) que posibilitó en este caso “grandes avances y estos resultados”.
Hubo, además, un especial reconocimiento para el trabajo que hace dos años cumplieron el entonces titular de la División Homicidios de Montevideo, comisario Eduardo Romero, y el comisario VÃctor Tressa, de la Dirección de Investigaciones de Canelones.
Ambos jerarcas habÃan coincidido en aquel momento en señalar a Karina Carro como una de las responsables de lo ocurrido a Andrés, como asà también a un grupo de policÃas retirados y en actividad que habrÃan sido los ejecutores y de los cuales se aguarda en los próximos dÃas sus procesamientos.
Destacó el fiscal Cancela que “la participación de esta mujer que fue procesada no se estableció por especulaciones ni por opiniones de la prensa, sino por elementos objetivos” y afirmó que de ahora en adelante “hay más responsabilidades que aclarar”.
Respecto a cuál fue la participación de la ex novia de Andrés en la tragedia, Cancela se limitó a mencionar: “Ella generó la dinámica que condujo al crimen”. Según los investigadores, para el asesinato “hay un móvil, por una relación afectiva frustrada, es el móvil más fuerte que surge del expediente, pero puede haber otros”.
Al ser consultados sobre si el tráfico de drogas estarÃa como telón de fondo de este homicidio, tanto Bernal como Cancela dijeron con parquedad: “No se descarta nada…”. Sostuvieron que desde que empezaron las investigaciones se tomaron declaraciones a más de 200 personas, pero que a esta altura del caso “se pudo reducir el cerco a unas 15″. De las pesquisas se pudo establecer fehacientemente que hubo en juego sumas de dinero para concretar el asesinato del joven Trigo. “Ese elemento (el dinero) potencia al resto del hecho”, sostuvo el fiscal Cancela, a la vez que indicó que Carro Torres “tenÃa el dinero, habÃa una cuenta bancaria, pero no se pudo establecer el origen” de esas finanzas.
En este sentido, cabe recordar que un ex policÃa coloniense, Mario Hernández, ahora residente en la vecina orilla, habÃa admitido que Carro Torres le ofreció “cuatro mil dólares para darle un susto a Andrés”, a lo cual sostiene que se negó en forma terminante. ¿De dónde manejaba esa suma, una muchacha que trabajaba por 1.200 pesos por mes en una despensa de barrio? Es una de las muchas interrogantes que se tendrán que aclarar en los dÃas venideros.
Respecto al arma empleada en el crimen, se informó que “el calibre de bala fue 22 o 32 y no otro; pero seguimos investigando para dar mayores precisiones”. En cambio no fue posible, según los investigadores, saber cuál fue el destino de las ropas que vestÃa Andrés aquella trágica madrugada del 17 de agosto de 1998, cuando lo asesinaron.
“El cuerpo no fue arrastrado desde otra parte, como se decÃa”, aclararon los funcionarios. “El joven fue asesinado dentro de la camioneta en la que viajaba esa noche, y en el lugar donde se lo encontró”, en la calle Atanasio Sierra casi la ruta nacional Nº 21, un lugar muy descampado.
En cuanto a por qué llevó cuatro años y cuatro meses para procesar a quien aparecÃa como una de las primeras involucradas, las jerarquÃas policiales y judiciales coincidieron escuetamente: “No se pudo antes”.
Fuentes extraoficiales dijeron ayer a LA REPUBLICA que “más allá de que Karina Carro aparece comprometida en el caso, también se ha buscado ponerla en una situación difÃcil tras las rejas, como en proceso de ablande, para que termine por nombrar a los ‘grandes’ que están por encima de ella”.
Para la familia Trigo “el procesamiento de Karina confirma lo que venÃamos sosteniendo desde un primer momento. Estamos conformes con la PolicÃa y la Justicia, pero seguiremos esperando más, porque es obvio que con esta mujer recién empieza a desatarse la madeja”.
Carro Torres no ha sido recluida en ninguna celda de protección especial, sino que comparte el pabellón con otra decena de mujeres recluidas por hurto, básicamente, y también por una mujer procesada por un caso de homicidio ocurrido en la ciudad de Juan Lacaze.
Andrés Trigo Fonte tenÃa apenas 18 años cuando fue asesinado a la salida de una reunión bailable en un club del barrio Real de San Carlos. Era repartidor de garrafas de supergás, y todo parecerÃa indicar que “se enteró de algo muy serio, en cuanto a negocio de drogas, en los que andarÃa su ex novia y por eso lo eliminaron”, es lo que desde hace cuatro años circula como reguero de pólvora por todos los rincones de Colonia.
El crimen de Andrés generó un movimiento social inédito en Uruguay. Todos los 17 miles de habitantes de la ciudad se sumaban a las marchas de silencio en reclamo por el esclarecimiento del crimen que enlutó a la sociedad en su conjunto, que hoy empieza a recobrar las esperanzas de que definitivamente se sepa qué fue lo que pasó aquel fatÃdico 17 de agosto de 1998. *
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