La caída de un gigante
Unos 250 kilogramos de dinamita fueron necesarios para echar por tierra los pabellones de esta penitenciaría, considerada un verdadero infierno no sólo por los condenados que allá cumplían sus penas, sino por funcionarios, autoridades y periodistas.
Caracterizada por fugas y rebeliones, la Casa de Detención del Carandirú quedó marcada por la masacre de 111 presos rebelados del pabellón nueve -uno de los tres detonados- el 2 de octubre de 1992, víspera de las elecciones municipales.
La Casa de Detención fue inaugurada en setiembre de 1956 por el ex presidente de Brasil, Janio Quadros, entonces gobernador de São Paulo, con capacidad para 500 presos, pero luego fue ampliada para abrigar a 3.500 y su población carcelaria se elevaba últimamente a 7.200.
El Carandirú será transformado en un complejo deportivo, educacional, cultural y tecnológico, ya bautizado Parque de la Juventud, según la secretaria de la Juventud, Deportes y Ocio del Estado de Sao Paulo, Luciana Castelo Branco.
En el lugar de los tres pabellones demolidos este domingo se instalará el parque deportivo, con 10 cuadras polideportivas para varios deportes (voleibol, baloncesto, fútbol de sala), dos campos de fútbol, pistas para test de Cooper y patineta. Después se instalará un anfiteatro y una pista de ciclismo y paseos.
En los cuatro pabellones que fueron preservados se instalarán los centros cultural (con cursos para danza, teatro y música), de excelencia tecnológica, biblioteca y de formación profesional.
El complejo penitenciario fue desactivado el pasado mes de setiembre. Los presos que aún se encontraban recluidos en el lugar fueron retirados bajo estrictas medidas de seguridad, siendo realojados en distintos presidios.
En aquel entonces el carcelero Luiz Pereira da Costa, quien trabajó en el citado complejo por los últimos 20 años, afirmó «se acabó el infierno», coincidiendo con las opiniones de los organismos de derechos humanos, que denunciaban la violación sistemática de los mismos en el establecimiento.
Da Costa, en declaraciones a la Agencia Estado, manifestó que, inicialmente, en la Casa de Detención todo era distinto y no se mezclaban criminales peligrosos con primarios. Reveló que estuvo en varios motines y fue tomado como rehén en algunos.
Pero, dijo, nunca olvidará el 2 de octubre de 1992, fecha de una de las mayores matanzas de la historia del sistema penitenciario brasileño.
En ese día, durante una intervención de una tropa de choque perteneciente a la Policía Militarizada para acabar con un motín, 111 presos fueron asesinados.
Hasta la fecha ninguno de los responsables de la operación ha sido juzgado por la matanza. (AFP) *
Compartí tu opinión con toda la comunidad