Gervasio Guillot: "Nunca hubo descreimiento en la Justicia"
El alto magistrado fijó posición en este sentido a raíz de las críticas sobre el amplio espectro de presos habilitados para pedir la libertad por gracia. Señaló, en entrevista con Sonia Breccia en su programa Primera Voz de 1410 AM LIBRE, que la ley se aplica tal como fue votada.
–A propósito de la visita de cárceles, ¿qué síntesis hace?
–En ese aspecto ya existe la experiencia de dos años anteriores, desde que se promulgó la ley en el año 2000, y la Corte ya ha demostrado cómo encara la visita de cárceles y los efectos que produce. La sociedad uruguaya a través de sus representantes, que son los parlamentarios, tiene una idea muy clara de cómo funcionó, qué fue lo que pasó. Los resultados de la visita de cárceles unos han sido buenos, puesto que se liberó gente que se recuperó, y otros malos porque salieron y volvieron a delinquir de inmediato. Las últimas fallas del sistema están previstas porque la Corte no tiene una bola de cristal para predecir si una persona va a recuperarse o va a reincidir en la delincuencia. Esos casos fueron promocionados de manera bastante escandalosa y espectacular por la prensa, no así los otros casos que sí tuvieron buenos resultados. La Corte demostró cuál es su criterio en dos oportunidades, y estaba de cargo de la sociedad uruguaya si no estaba de acuerdo. Entonces, si la sociedad entendió que era un mal resultado, que había sido un ‘mal negocio’ en términos comerciales, la ley promulgada en 2000 simplemente la deroga; si entiende que la ley es perfectible, pues le hubiera introducido las modificaciones, a lo mejor alguna de las que originariamente había propuesto la Corte, mucho más acotada.
–El hecho de que el 70 por ciento de reclusos no tenga sentencia firme y que entre los problemas severos esté el hacinamiento, ¿son temas que a su juicio tendrán una perspectiva de solución o resolución relativamente próxima?
–El tema del hacinamiento es esencialmente de infraestructura edilicia, y en última instancia se traduce en un tema de medios económicos, financieros, para hacer las construcciones que sean del caso y donde se permita cumplir la misión que la Constitución le asigna al proceso penal. Nuestro sistema está inspirado en una vieja raíz positivista, y no expiacionista, es decir, el castigo no es un castigo expiatorio en sí mismo, sino que tiene un sentido rehabilitador y curativo. Estamos hablando en términos teóricos, por supuesto. Además tenía muchas posibilidades la Constitución de afiliarse a cualquier doctrina que, como fundamento filosófico de la pena, se afilió al positivista liberal. Dice el artículo 26: ‘en ningún caso las cárceles servirán para mortificar sino para procurar la rehabilitación del delincuente’. Esa rehabilitación del delincuente pasa por una reinstrucción para que esté en condiciones mínimas de salir a buscarse un trabajo, de ganarse la vida en la sociedad, de reintegrarse útilmente a la sociedad, con el problema de que también se sale de la cárcel y hay una crisis de desempleo. Esto le va a hacer más difícil obtener una ocupación, y mucho más cuando pesa sobre sí el estigma de ser un ex preso. Eso es un problema fuera del control de la Corte o del sistema.
Lo otro que usted me decía de los presos sin condena, yo tengo una opinión, una visión muy particular, producto de una experiencia como juez en la materia penal que no coincide con esa crítica de la cual usted ahora se hace eco, en cuanto a cómo es posible que haya un 70% de presos sin condena. Yo le aseguro que al preso un juicio penal rápido no es lo que le importa. El preso quiere salir, y si para poder salir le da longaderas al proceso penal, pues tanto mejor se las va a dar. A él no le interesa que le digan ‘en un par de meses usted está condenado siete años, tranquilícese que va a estar 7 años preso’, no, él no quiere su sentencia, quiere ir alargando, viendo abogados, a su defensor, buscando cosas y testigos y, llegado el momento, bueno, ‘hace 3 años que estoy preso, como proclama el Pacto de San José de Costa Rica, tengo el derecho a un juicio de duración razonable, y ya hace 3 años y ni miras de dictarse sentencia, pido mi libertad provisional’ ese es el tema, es una opinión muy personal mía.
–Usted considera que casos, por ejemplo, como el del grupo Peirano y otros…
–Sobre casos concretos no voy a emitir opinión.
–Mi pregunta era si usted entiende que determinados casos muy notorios le han devuelto credibilidad a la Justicia.
–Yo creo que la Justicia estuvo muy vapuleada pero nunca hubo descreimiento. Más que credibilidad en la Justicia, credibilidad en las posibilidades que tiene la Justicia de instruir determinados delitos, eso sí puede ser, pero ya fíjese el colapso bancario del año 65, fue espectacular, media sociedad uruguaya de altos pelucones estuvo 2 y 3 años en la cárcel, ya entonces casos de bancarios que hubo a la sazón que son archiconocidos de todos. *
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