Amodio Pérez, un sorpresivo retorno

Un muy querido exalumno colgó del facebook en el día de hoy “¿En E-BAY encontraré algún manual de instrucciones para leer las cartas de Amodio?” Más allá de la ironía que cargan sus palabras, es posible que alguien se lo esté planteando en serio En especial aquellos que no vivieron ese pedazo de nuestra historia que algunos empecinadamente pretenden encapsular y barrer bajo la alfombra. No sé si lo que sigue le servirá de manual pero, así veo yo las cosas.

Para quienes nos criamos en Treinta y Tres, Cachango será siempre aquel moreno, de mota brava, andar siempre apurado y el que hacía sonar su vozarrón de vino, anunciando los diarios en las esquinas.

Además de organizar bailes familiares en su casa, que le valieran el reconocimiento del rubio Lena, tenía por costumbre jugar al fútbol en una cancha allá en su barrio “25”. Lo hacía descalzo como correspondía.

Cierta vez que fue a patear la pelota gritó “están bravas las rosetas” y tenía una víbora prendida al dedo gordo de su pié. Esta anécdota ha formado parte de la dimensión mágica del pueblo y seguro la pueden contar mejor los veteranos del pueblo que la habrán escuchado cientos de veces a lo largo de su vida.

Pues bien, las sucesivas apariciones de cartas de Amodio Pérez tratando de justificar sus actos, repartiendo culpas y arrojando sombras, me han traído a la memoria aquella historia. Cada palabra, cada letra de cada una de esas misivas, me dejan claro que no se trata de rosetas…

Parte de identificarse con los miembros de una generación que se propuso cambiar la historia del país y definirse como “un perdedor de discusiones tácticas y ganador de las estratégicas” Tras esto, despliega con habilidad una larga lista de errores que cometiera el movimiento, no como producto de una concepción política equivocada, sino fruto del capricho tozudo de algunos miembros a los que nombra una y otra vez y los acusa de hacer oídos sordos a sus reflexiones proféticas. Las acusaciones proliferan y van desde señalamientos de machismo, hasta la conspiración, el divisionismo y la ceguera ante la realidad.

En medio de todo aprovecha la oportunidad de descargarse del fardo de todo señalamiento de toda muestra de cobardía extrema y del hecho de renegar de sus ideas. No se trató de traición fue un simple arregló de papeles, lo que llevó a cabo. Él hizo lo que hizo, como consecuencia de que no había otra salida. Simplemente como lo expresa “… me seguí considerando un militante del MLN hasta que en el propio Florida empiezo a enterarme de cómo viene la mano. Méndez me lo puso fácil y acepté. Después aceptará Mercedes, porque no nos quedaba otra. ¿Qué querían, que fuéramos presos para hacernos la boleta, sin defensa posible?”

Las cosas claras viejo: flor de estratega, tremendo revolucionario, ser de gran sentido analítico y crítico, pero con el viento en la puerta no ensayó sino el esconderse tras su consigna unipersonal : “Con mi cuero no, che.”

Y el hombre se dedicó a arreglar papeles. ¡Lindo modo de cambiar el mundo!

De ese arreglo si alguno cayó y fue por mala suerte, por decisiones equivocadas de otros, nunca, de su propia tarea.

De puro, agradecidos y de paso bobos, los milicos le permitieron abandonar el país. Y aquí empieza la parte más jugosa, la de los silencios Cualquiera que haya experimentado el irse de su entorno, y más al extranjero, sabe del peso que tiene la orfandad de apoyos y todos los inconvenientes que se deben salvar.

Pues bien este personaje, sale del país, sin poder recurrir a las redes solidarias de compañeros y abandonado (supuestamente) por los milicos Literalmente con una mano atrás y otra adelante. Documentos, dinero, refugio, ¿quién se los proveyó? ¿Qué precio y con qué pagó cuando supuestamente ya no tenía valor lo que sabía de la organización? ¿Quién le dio refugio? ¿Cómo se movilizó? ¿Cómo ha conseguido mantener la clandestinidad todos estos años como él mismo reconoce? ¿Por qué justo en este momento le entra la necesidad de limpiar su nombre? No vale la excusa de que su padre y familia se lo impidieran, sinceramente no la creo. ¿Por qué sigue jugando a las escondidas? ¿Acaso le salió de nuevo el estratega?

¿Por qué una vez en el exterior no denunció las torturas a que estaban siendo sometidos sus compañeros? ¿Por qué no levantó la voz, asumiendo sus actos y poniendo en claro las acciones de las dos partes? Por lo que afirma sólo trató de escribir un libro para sacarle jugo. Si él lo admite…

A esta altura nuevamente se me viene la imagen de Cachango y no me queda sino pretender gritar bien fuerte: ¡Ojo, no son rosetas, es una víbora venenosa!

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