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El verdadero peligro

El verdadero peligro

Escrito por: Aljamod (J.Modernel)

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Actualmente vivimos tiempos de cambios. Bueno, en realidad el tiempo es cambio, avance, evolución, como quien arma un rompecabezas de dos dimensiones para luego intentarlo con uno de tercera, o, al menos, así debería ser. Pero sucede todo lo contrario.

Las piezas del tablero están cada vez más dispersas, más separadas. En lugar de existir unión, en vez de sentir empatía para con el prójimo, estamos cada día más separados. En tiempos en que la tecnología ha llevado a la comunicación a extremos insospechados (parece una paradoja digna de Zenón) estamos cada día más disgregados, más separados en razas, nacionalidades, ideologías, costumbres, posesiones, peinados o gustos musicales, literarios, culinarios, futbolísticos o lo-que-se-les-ocurra.

Eso es porque nos hacen creer que todos somos distintos, nos enfrentan entre nosotros haciéndonos el cuento de que ser diferente está bien, cuando en realidad somos todos iguales, aún con nuestras mil y una diferencias (esta ha sido una involuntaria paradoja). El ser humano hace rato que ha dejado de ser libre, y aunque todavía pensamos que lo somos, nuestra libertad está delimitada por fronteras y dinero, está limitada por la propiedad privada. El resto de los animales nacen en el mismo entorno natural que nosotros, y para vivir necesitan un espacio, un determinado territorio que varía según la especie. Pero necesita de un solo espacio, no de muchos.

El ser humano nace sin el derecho a siquiera un centímetro cuadrado de espacio, y mientras que algunas personas poseen grandes extensiones de tierra y todos los recursos naturales que la acompañan, una buena parte de la población mundial no tiene siquiera un pedazo de pan que llevarse a la boca. Otros tienen pan, pero deben pasar mil y un sacrificios para poder llevar adelante una familia, y lo más triste, lo más penoso de todo, es que esas mismas personas que lucha por sobrevivir dignamente, defienden a ultranza las reglas impuestas por quienes no solo son los dueños de las tres cuartas partes del mundo, sino que luchan por quedárselo todo. Por mi parte, no levanto ninguna bandera, no voy por la vida diciéndole a los demás qué tienen que consumir y qué no.

Cada uno debería ser libre de hacer lo que quiera, siempre y cuando no moleste o dañe a otras personas. Mientras esté vivo, mi vida me pertenece, e intento disfrutarla como quiero y puedo. No le digo a nadie que consuma pollo, alcohol o marihuana, así que no veo por qué motivo intentan decirme qué puedo o no hacer. Las reglas y prohibiciones solo generan consecuencias negativas. Lo único que no puede ser admitido, es que se provoque daño a otras personas, ya sea de forma directa o indirecta. Fumar marihuana no daña a nadie, más que a quien la consume. Y no hace falta consumir ninguna substancia, ya sea natural o artificial, para provocar daño. Quienes más daño hacen en el mundo, son aquellos que intentan imponer su voluntad sobre los demás, ya sea para beneficio propio o de terceros. Ni siquiera he insultado a nadie cuando escribí “La marihuana y sus peligros”.

Sin embargo, hay quienes han soltado epítetos sobre mi persona (me causan gracia y un poquito de pena), y existen otros que manifiestan que estoy equivocado por lo que dije, pues aseguran que lo que ellos hacen es lo correcto. El consumo de cannabis no es el problema. El problema es la cabeza de cada uno, sobre todo de aquellos que creen ser mejores y pretenden que los demás hagan lo que ellos. Si yo pretendiera que alguien actuara de acuerdo a mi voluntad, seguramente estaría actuando de acuerdo a la voluntad de un tercero, y eso no va a suceder.

Ya demasiado tengo con trabajar 40 horas semanales desde hace más de veinte años y pagar mis impuestos. Por lo demás, no tiro basura a la calle, no agredo a nadie (ni personalmente ni a través del anonimato que proporciona Internet), no tomo lo que no es mío (y cuando me dan vuelto de más lo devuelvo). Eso sí. Digo lo que pienso, y actúo de acuerdo a lo que digo. No soy una hipócrita más.

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