Fallas en los organismos de contralor
La Corporación para el Desarrollo fue otro invento estratégico del Partido Colorado aliado con el Partido Nacional creando un organismo que funciona como empresa pública no estatal, cuya principal finalidad es dar crédito a micro y pequeñas empresas a través del sistema financiero. Para ello se solicitaron diferentes préstamos al BID que nuestro país deberá devolver oportunamente con su consiguiente recargo. Más de 70 millones de dólares que se repartieron en los últimos años, con la intención de facilitar el desempeño de infinidad de pequeñas empresas.
Transcurridos varios años de desempeño de esta Corporación con un desfile de diferentes representantes de los dos partidos fundacionales del Uruguay en su Directorio, nos encontramos con un caótico panorama en su capitalización. Existe un enorme déficit ya denunciado en Cámaras, que está mereciendo el nombramiento de una Comision Investigadora.
Conocemos el mecanismo constitucional que obliga a cada institución pública a su control financiero por parte de un ignorado Tribunal de Cuentas, al que se le acercan los resultados sólo con la finalidad del cumplimiento formal, pero al que muy poca importancia se le otorga, debido a que en todos los casos se reiteran sus observaciones.
Mucho peor ha pasado con esta dichosa Corporación, que cumplió solamente en los dos primeros años, para luego dejar de enviar sus resultados anuales al considerar que no correspondía su investigación.
Este es un nuevo ejemplo de la ligereza con que se manejan los intereses públicos por parte de las personas que cada partido, tanto el Colorado como el Nacional, le imprimen a sus labores.
Hemos sabido de irregularidades varias en diferentes organismos de carácter nacional o departamental y hasta el momento esta Corporación seguía desenvolviéndose libremente hasta que saltaron evidentes errores con conocidas empresas de plaza, entre las que se distingue Migranja.
Escuchamos opiniones interesadas que expresan haber actuado con inteligencia para favorecer el futuro de numerosas empresas de pequeñas características que verían con agrado la rentabilidad que obtendrían, o la interesante generación de puestos de trabajo o tal vez, el incremento del aspecto exportador que generaría mayores divisas para el país.
Sin embargo, lo que hemos comprobado es el fracaso de una nueva aventura emprendida por quienes han estado maquinando los destinos del Uruguay y que lo que han conseguido es provocar la terrible desesperación del conjunto de compatriotas que no logran sobrellevar tantas dificultades. Lo podemos constatar en entidades como el Instituto Nacional de Colonización o el propio Banco de Previsión Social que para nada cumplen con la función esencial para la que fueron creados.
La contradicción cumplida por estas representacione políticas históricas nos obliga a pensar en que la responsabilidad adquirida por quien asume una función pública merece ser juzgada como formal incumplimiento del cargo desempeñado. De una vez por todas es necesario poner punto final a tanta liviandad en las labores gubernamentales.
No es poca cosa esquivar los tranquilizadores controles oficiales, como también el despilfarro de costosos préstamos internacionales que debemos pagar entre todos los uruguayos. Son errores que no se pueden aceptar. *
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