Sacapuntas

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En el palco de un teatro que Florencio Parravicini y Enrique Serrano compartían con unos amigos, apareció de pronto un señor que se sentó muy cerca, sonriente. ¿Un colado? Hubo interrogaciones mutuas y nadie lo conocía. Parravicini lo encaró y el hombre dijo: -Yo sólo quiero alternar.

Quería hacer vida social, tener trato cercano con personas de cuenta, con «los que saben». No se le ocurrió otra cosa para acceder a todo lo que quería saber y no le encontraba la vuelta.

Bueno, a mí me pasa igual. ¿Tendré que seguir a Atchugarry adonde vaya –o, tal vez mejor, a los directores del Banco Central–, a ver si alternando en un restorán, en un teatro o corriendo por la rambla me entero de lo que realmente está pasando en el sistema financiero? Créame, lector, lo que se dice a las bancadas o en las conferencias de prensa no es suficiente; el lenguaje sigue siendo enigmático, no se alcanza a leer lo que hay entrelíneas y se reserva información, estimulando la circulación de versiones por cuyo fundamento tampoco nadie se juega.

¿Qué significa que el nuevo banco recibirá respaldo de organismos internacionales? ¿A qué realidad responde ese convencimiento de que «será vendido en breve»? ¿Esa todavía inexplicada certeza aleja el riesgo de que la sociedad siga poniendo plata? Y si la venta no se hace, ¿pueden surgir problemas de capital que comprometan esta solución de emergencia?

No son todas las preguntas a que uno tiene derecho, pero bastan como ejemplo de la extendida ignorancia que nos afecta.

Y podría ser peor: alguien ha dicho, y sólo lo consigno, que una distracción del Banco Central pudo haber obstaculizado el interés que en la compra de La Caja Obrera habrían manifestado unos capitalistas del Medio Oriente. ¿Cómo saber si es verdad?

Hoy, cuando el gobierno ha logrado, casi milagrosamente, cierta constructiva benevolencia de la oposición, parece irresponsable obligar a los medios, a la opinión pública y a los propios políticos a desesperar en la búsqueda de los datos que faltan.

Qué macana. Nos están obligando a colarnos en el palco. *

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