El achique

Por fin, al cabo de cuatro meses de negociaciones y especulaciones, el Poder Ejecutivo ha optado, buscando un camino para reformular el sistema bancario que emergió de la corrida sufrida en los siete primeros meses de este año. Ella se ha dado tomando, en su esencia, una propuesta que hizo AEBU a partir de su asamblea de 7 de agosto último.

Esa salida tiene un costo muy alto que será pagado por todos nosotros a través de las ayudas que se le suministraron a los bancos que hoy están suspendidos. Pero hay tres sectores que lo sufrirán en medida superlativa: Los empleados de los bancos, los ahorristas y los deudores. Los dos primeros ponen su fuente de trabajo unos, y parte de sus ahorros los segundos. A los deudores, por su parte, que fueron sorprendidos con la ruptura de las reglas de juego cambiarias vigentes desde hacía diez años, se les ha prometido soluciones.

Llegado este momento aparecen entonces las voces que   hablando de «privilegios» de los trabajadores del sistema bancario   olvidan (o tratan de hacer olvidar) el gran servicio que el sindicato del sector ha hecho (una vez más) al conjunto de la sociedad uruguaya. Recordemos: fue quien alertó respecto de que la liquidación de los bancos suspendidos habría sido la peor de las soluciones para todos. Se abocó a suministrar salidas posibles y mucho mejores, discutiéndolas con el gobierno, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI). Llevó también esas soluciones a los ahorristas afectados y brindó su apoyo para que actuaran organizadamente. Otro tanto hizo con los deudores en moneda extranjera. Y   por último, pero no por eso menos importante   se sumergió dentro de su mismo colectivo, ideando soluciones múltiples   conjuntas o alternativas   para evitar un impacto mayúsculo en las fuentes de trabajo del sector, procurando repartir el trabajo que hoy es un bien muy escaso en nuestro bendito país; repartiendo los costos solidariamente, entre los trabajadores, jubilados y pensionistas bancarios en primer término; pero reclamando también que en la mesa de costos se siente el gobierno y las empresas bancarias, entre las que existen algunas que aprovechan la bolada para ofrecer generosas condiciones a todo aquel que quiera radicar sus ahorros en el exterior. Y eso no es nada descabellado. Porque esta película no comenzó el jueves pasado cuando el ministro de Economía explicó su proyecto para la liquidación de los bancos suspendidos y la creación de uno nuevo. Esta película tuvo varios capítulos no explicados todavía y cuya investigación está en manos de una comisión parlamentaria. Me refiero a los ilícitos que se cometieron en los Bancos Comercial y de Montevideo delante de las narices del Banco Central; me refiero a la inexplicable entrega del Banco La Caja Obrera a la familia Peirano en momentos que ya se dudaba de su transparencia, por decirlo de alguna manera; me refiero, por último a los lamentables compromisos asumidos por el anterior ministro de Economía   apoyado por el Presidente   con los bancos extranjeros dueños de una parte del capital accionario del Banco Comercial. Hoy corresponde poner las cataplasmas para aliviar a los más perjudicados por esta situación que ninguno de ellos creó. Los bancarios lo haremos solidariamente, ratificando un comportamiento que ha conocido otros episodios remotos y recientes, hacia adentro y hacia afuera del gremio.

Asumimos parte de los costos ocasionados por colisiones que no provocamos. Por eso es que pedimos reciprocidad y combatir las memorias frágiles. *

* Militante del Frente Amplio

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