El justo medio
Fue a raíz de una experiencia mística que Algazel, pensador nacido en el 451, en Persia oriental, y que predicó en Bagdad, descubrió los errores de la teología oficial musulmana. Estudió las cuestiones rituales, las costumbres y las «cosas conducentes a la destrucción» y postuló mantenerse siempre «en el justo medio».
¿Cómo hacer para que Adeom tenga su Algazel? Es decir, un pensador que se proponga un análisis tan abarcador y postule una posición de equilibrio, de sentido común. ¿Alguno de sus dirigentes reúne las características necesarias? No quiero ser irrespetuoso, pero, si analizo sus juicios acerca del procesamiento de unos compañeros por el delito de violencia privada, intuyo que no.
Adeom opina que el juez se excedió al actuar de oficio, que no hubo denuncia formal de los periodistas agredidos y que las fotos e imágenes televisivas aportadas como prueba «no muestran nada». Lo primero es un desconocimiento vulgar del Código Penal, lo segundo una verdad usada con una determinada intención y lo tercero una falsedad.
En un estado de derecho es tan respetable una huelga como la integridad física del resto de los trabajadores. Una sentencia no se contesta con paros o desacatos, sino a través de las diversas instancias de apelación que a esos efectos han sido constitucionalmente establecidas.
La huelga se hizo y se perdió (o eso parece). La violencia contra otros trabajadores municipales y contra los periodistas existió y no se borra con palabras. Y la decisión de la sede penal fue ajustada a la ley, aunque se tenga derecho a contestarla en otros estrados judiciales. ¿Qué extraña necesidad tiene Adeom de seguir machacando en la tabla y no en el clavo? ¿Por qué insiste en alejarse del resto de la gente cuando, en realidad, nadie niega la legitimidad de sus reclamos?
Pensándolo bien, yo también he incurrido en un error. La propuesta de imitar al teólogo Algazel no es buena. Ahora constato, releyendo un poco más, que fracasó estrepitosamente en su intento de cambiar el pensamiento religioso de su tiempo.
Y, lector, no es fácil. *
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