El día que dijimos NO y le abrimos paso al SI
Recuerdo, como si fuera hoy, el día después del plebiscito del 30 de noviembre de 1980. El amanecer fue luminoso y lo recibimos con los ojos abiertos. En cada ruido, en cada silencio, en los distintos pasos y en el abrir y cerrar de las puertas, esperábamos el resultado. Procurábamos adivinar en cada gesto una señal, una mueca, de quienes nos custodiaban. En pocas horas las siempre esperadas visitas nos dirían la verdad. Pero la victoria la conocimos antes, porque como pasa con todas las victorias populares no hay muro que las detenga. Ese día, en la hora del recreo, caminamos como siempre, pero respirando ese aire nuevo que sólo traen las grandes gestas históricas. Estábamos presos, encerrados en el Penal de Libertad, pero esa vez éramos los vencedores los de adentro y los de afuera; no ellos, no la dictadura.
Con los días nos enteramos de cómo se construyó esa victoria. Supimos de los volantes hechos con planograf que se disimulaban como marcos de cuadro o de hojas impresas en gelatina, de esas que usaban las maestras de mi época. Supimos de los limpiaparabrisas que se ponían en funcionamiento, en ese día de sol, para decirle «No» a la dictadura. También nos enteramos de las miles de cartas que habían llegado del exterior, rechazando el proyecto de institucionalización del régimen dictatorial.
Todos nos hablaban del papel de La Radio y de Germán (Araújo), quienes dieron el resultado del plebiscito, mucho antes de que lo hiciera el Ministerio del Interior.
Ese día de sonrisas y de esperanzas comenzamos a sentir que faltaba poco, aunque no sabíamos cuánto, para que volviera la democracia. Supimos que otra vez el pueblo comenzaba a irrumpir impetuoso y que eso era garantía de que el cambio estaba en un horizonte próximo.
Por todo es que hoy, 30 de noviembre de 2002, tenemos que recordar hasta con un simple gesto aquella jornada histórica, que nos enorgulleció a todos de ser uruguayos.
Hoy también sentimos, aunque no sabemos cuándo, que pronto volveremos a vivir esas victorias que permitirán –otra vez– recuperar la alegría y la confianza en que el Uruguay se pondrá en marcha.
Si no olvidamos, podremos y sabremos construir la hora del cambio y de la esperanza que parecen esquivas, pero que anda allí entre la gente que resiste, que es solidaria, que lucha, que se agrupa y que confía en las nuevas mayorías que un día se expresarán en las urnas, para felicidad de todos.
Pero por encima de cualquier resultado electoral futuro, lo que importa es que todos los uruguayos comprendamos que ha llegado la hora del cambio y que eso sólo se puede lograr en la medida que todos comprendamos que la democracia sin exclusiones también implica la rotación de los partidos en el poder y, fundamentalmente, la pública felicidad.
Desde hoy está en vigencia la ley que recuerda el plebiscito del 30 de noviembre de 1980, en que mayoritariamente la ciudadanía uruguaya se expresó contra la institucionalización del régimen cívico-militar, que se instaló el 27 de junio de 1973.
Por eso estamos recordando esta fecha de singular significación para recuperar la memoria de los uruguayos en su brega por la libertad y la democracia, hecho histórico que será una de las bases para la reconstrucción nacional que todos avizoramos como imprescindible en estas horas difíciles del país.
Esta ley que fue votada en ambas cámaras por todos los partidos políticos, establece: «Declárase día de conmemoración cívica el 30 de noviembre de cada año en celebración del pronunciamiento del plebiscito del 30 de noviembre de 1980″. Acoto, a la vez, que declarar un determinado día como de «conmemoración cívica» implica, según el art. 8 de la Ley 10.945, que «La bandera nacional deberá ser izada obligatoriamente todos los días festivos o de conmemoración cívica por las oficinas públicas y establecimientos fiscalizados por el Estado o con protección oficial».
Creo que estamos ante un día de alegría en medio de un país gris, donde a la esperanza hay que ir a buscarla entre nuestros hermanos y en las mejores experiencias unitarias del pueblo uruguayo movilizado. Es, a la vez, una fecha y una gesta que nos interpela a todos los actores políticos. Nuestro compromiso es con el compromiso ético de aquellos días de sacrificio sin prensa, pero que conmovíeron profundamente el alma de la nacionalidad. Hacia ellos vamos, para volver a construir amaneceres. *
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