Nery Ruibal: un forjador de futuro
Se nos ha ido como del rayo –tal como decía Miguel Hernández– el compañero Nery Ruibal. De Pueblo Belén, departamento de Salto, Ruibal fue un obrero cañero. En la década de los sesenta, época brava, siendo un muchacho de poco más de viente años se unió a quienes en el Ingenio El Espinillar, propiedad de Ancap, fundaron el sindicato. Le llamaron Urde. Unión de Regadores y Destajistas de El Espinillar.
Fue un tiempo difícil para la zona. Comisarios bravos, peones rurales viviendo en pésimas condiciones y un grupo de gente joven, con mucha rebeldía y no poca indignación, buscando dar organización sindical a remolacheros, cañeros, regadores y destajistas. Todo empezó sencillamente pidiendo respeto y cumplimiento del salario, de las leyes laborales. Nada de consignas altisonantes. Pero más temprano que tarde las represiones duras trajeron convicciones más profundas y se empezó a demandar la expropiación del inmenso latifundio de Silva y Rosas. Y vinieron las marchas cañeras.
Hubo tiempos que en Belén y Constitución la tensión y los momentos de enfrentamientos duros eran cotidianos. El aire se cortaba, a veces, con un cuchillo.
Nunca vimos a Nery Ruibal alterado. Siempre con el sindicato, siempre dando la cara. Normal.
Y claro, no le fue muy bien, hablando materialmente. Cuando llegaron los años de plomo fue víctima de la represión y desde luego, para él y su familia no era nada sencillo encontrar trabajo y resolver lo básico.
Terminada la dictadura lo encontramos en su pueblo. Junto a su gente, como siempre. Defendiendo a El Espinillar, su fuente de trabajo. Y quedando luego sin empleo. Militando sindical y políticamente. Y milagreando para subsistir con su familia, pero sin quejarse. Nunca le oímos una queja ni un reproche.
El 23 de octubre le vimos por última vez, en la Agrupación de Gobierno Departamental del Encuentro Progresista-Frente Amplio de Salto. Y aunque era bastante parco, allí habló. Y más tarde nosotros le sacamos, a los tirones, y a solas, que estando por llegar a los setenta no podía jubilarse, dada la trama de años registrados y no registrados. Un drama no sólo de él, naturalmente. Pero hay que carpir, regar, cortar caña, labrar la tierra, arreglar la mecánica, durante cuarenta años o más y llegar luego a la conclusión de que hay que seguir, porque no hay descanso.
Fue nuestra última conversación. Murió trabajando. Fue un ejemplo en su pueblo y en su Partido. En el Frente Amplio y en el movimiento sindical.
De talla más bien menuda, tenía un rostro de asceta, con líneas bien definidas. Curtido por los soles del norte, con un color cobre oscuro en su rostro y en sus manos endurecidas por el esfuerzo.
Nery Ruibal fue un hombre trabajador. Respiraba dignidad. Siempre me llamó la atención su prolijidad y limpieza en el vestir, como en el actuar. Hombre limpio, alma límpida.
Nos va a hacer falta. *
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