Una ficción de diálogo

Parecería que nuevamente está imperando la improvisación y, lo que es peor aun, la irresponsabilidad. En un marco enrarecido, hoy el Poder Ejecutivo enviará al Parlamento el proyecto de ley elaborado para habilitar una nueva realidad en el sistema financiero. Pero lo que nadie sabe es quién elaboró las normas y por qué el Banco Mundial asistirá al gobierno en la selección de gerenciamiento, con el fin de contratar un management de la institución financiera que surgiría con una síntesis de por los menos tres de los cuatro bancos suspendidos.

¿Qué sentido tiene lo que se está haciendo? ¿Para qué reuniones políticas de alto nivel si, en definitiva, los dados están echados y los que deciden son los mismos de siempre? Los uruguayos hemos sufrido demasiado por esa manera de actuar del gobierno que nunca comprendió los procesos que vivió el país y, por lo tanto, adoptó medidas brutales que han derrumbado la economía con una descomunal pérdida de riqueza superior a ocho mil millones de dólares para sólo un año, resquebrajando por lo tanto el aparato productivo. Por el camino de la pobreza, siempre ocurre, se desemboca en el default, en el que el país ya ha caído –en el ámbito interno– al paralizarse los pagos a los proveedores del Estado.

Además, la presunta solución que se conocerá hoy se pondrá en marcha en una plaza enrarecida por informaciones que, de comprobarse sus extremos, configurarían la comisión de acciones prohibidas por la normativa bancocentralista. Concretamente, en base a un pedido de informes enviado por el senador Enrique Rubio, se estima que alguna de las instituciones suspendidas puede haber inscripto hipotecas a su favor luego de decretarse la suspensión de actividades, presuntamente como garantía de préstamos entregados con anterioridad a la misma. De confirmarse este extremo, es evidente que alguna de las instituciones suspendidas, pese a estar impedida para ello, trató de seguir ganando posiciones cuando no estaba autorizada a ello, en un marco de obvia ilegalidad.

También el sindicato bancario que hasta el momento ha dado muestras de responsable cordura, tratando de tranquilizar a sus afiliados, que en masa perderán el trabajo, buscando soluciones de todo tipo para que puedan sobrellevar el desempleo que se avecina, fue excluido también de toda participación en la «solución». Hace pocas horas, tal como declaró un dirigente, AEBU supo que para la rehabilitación del Banco de Crédito se han previsto alrededor de 370 despidos y una muy significativa quita salarial para el personal que quede trabajando en la nueva institución.

¿Por qué el gobierno actúa con esa torpeza? ¿No era obvio que cualquier solución que implicara despidos o rebajas salariales debía ser negociada con el sindicato? Es elemental pensar ahora que, de confirmarse la información, los trabajadores deberán defenderse, iniciando quizás un conflicto que enrarecerá más la situación.

Por todo ello y algunas otras cosas que nos han quedado en el tintero, es que somos pesimistas con la solución que hoy el ministro Atchugarry explicará en el Parlamento. *

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