Lendakari vasco
Llega al Uruguay el Lendakari vasco. Su arribo, dentro del marco de los festejos de la Sociedad Euskal Erría al cumplir 90 años tiene como fin homenajear al Parlamento uruguayo por viejo gesto que en su oportunidad se tuvo, dictadura española mediante, al recibir en su exilio de la época al Lendakari de entonces, obviamente en clandestinidad, perseguido y amenazado, el doctor José Antonio de Aguirre y Lecube, por el gobierno de nuestro país. Dicha ilustre personalidad, reconocida mundialmente como intelectual y demócrata arribó a nuestras fronteras desde el Brasil, por Aceguá, en el departamento de Cerro Largo. Una delegación de la diáspora vasco uruguaya, de quien queda un solo testigo viviente, el señor Carlos Mendilarzu, fue a recibirlo y dar conocimiento a nuestro gobierno. Se le recibió como ciudadano ilustre oficialmente por el mismo gobierno y por el Parlamento, donde expuso la lucha, las razones y derechos de su milenario pueblo Eskaldun.
Han pasado más de 60 años. No obstante, ni el pueblo vasco y su Lendakari Ibarrexche han olvidado el reconocimiento a nuestro país por ese apoyo moral en sus luchas libertarias. No viene un representante del viejo nostálgico imperio español, como lo hizo hace algunos años un ex ministro franquista del interior, durante el mandato de Sanguinetti, famoso por la persecución a los vascos precisamente y creador de la histórica ley «candado» como se llamó a la prensa libre española en época del «generalísimo».
Viene en cambio a esta tierra uruguaya de libertades, el jefe democrático de la Nación vasca. Un joven Lendakari nacionalista y libertario que reconoce el calor, el afecto, protección y simpatía que el Uruguay tuvo, tiene y prestó a tantos miles de vascos que a través de la historia de persecuciones, muertes y torturas arribaron a nuestro suelo a hacer patria nueva que allende el océano se les negaba. Ellos cumplieron con creces. Con lealtad, trabajo terco, empeñoso y tradicional honradez propia de su raza milenaria. Nosotros también. Ha sido sin duda una de las colectividades más integradas y con sentimientos uruguayos arraigados. Su diáspora, sin dejar de amar su lejana tierra, inculcó a su descendencia, hijos, nietos, etc., el amor por el Uruguay sin dejar ni olvidar por cierto el derecho legítimo hasta por milenarias razones a la libertad, soberanía e independencia de la patria de sus ancestros. Pueblo que nunca supo de aspiraciones imperiales, que amó sus libertades y las gozó por milenios en sus picos pirenaicos y en su tradicional símbolo del árbol de Gernika en torno del cual legislaban democráticamente los jefes tribales. Y aspiran a vivir en justa y merecida paz, progreso que lo han conseguido y libertad que se la niegan, como tantos países del mundo. La nación más vieja de Europa y tal vez entre las más viejas del mundo. Sin referencia alguna con nadie. Por lo mismo con idioma propio sin raíces conocidas y hasta aunque suene extraño, grupo sanguíneo propio (ORH negativo) que por cierto es un ítem más que las diferencias de sus imperiales ocasionales cancerberos. Llega entonces al Uruguay su máximo representante. Joven economista, luchador por la libertad y heredero por cierto de una historia y tradición milenaria. Representa entre muchos a los milenarios Sanchos (el Menor y el Mayor así se les apodó en su época) soberanos independientes, al general Zumalacarregui, el Cura Sta. Cruz, a Loyola, a Sabino Arana Goiri, a Pío Baroja, a Galíndez sin olvidar a Unamuno y a tantos vascos ilustres como lo fue José Antonio de Aguirre y Lecube que nos visitó durante la dictadura española franquista como se dijo. Bienvenido entonces señor Lendakari, a esta nuestra tierra de libertad que ustedes ayudaron a edificar. ¡Gora Euskadi Askatasuna! *
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