La reestructura financiera

Luego de tantas postergaciones, la decisión que adoptará el gobierno en torno a los bancos suspendidos debería contar con un acuerdo consensuado de todos los sectores políticos. De lo contrario, si alguna de las patas de la solución no queda firmemente apoyada, el andamiaje, por más sesudo que parezca, correrá el riesgo que ya muchos vaticinan: otra crisis bancaria que se produciría en un plazo más bien corto.

La reestructura del negocio bancario que el país debió encarar hace mucho tiempo hoy se debe concretar por vía de los hechos, con un costo material y humano de enorme significación. Si se hubieran tomado medidas adecuadas, reformulando el sistema -lo que era una exigencia razonable que se planteaba a nivel de la academia – el país no se encontraría en la actual crisis ni la reestructuración tendría tal costo.

Hoy el país carece de bancos privados nacionales, y el poco ahorro que captan las empresas financieras extranjeras no se devuelve a la sociedad en forma de crédito sino que se transfiere a las casas matrices en el exterior. ¿Ello es posible? De ninguna manera es aceptable que ocurra, en un país, que está viviendo una crisis extrema y que necesita del crédito para el comienzo de una inmediata reactivación.

Ese fenómeno, absolutamente perverso, es también producto de la caída de la confianza sobre el Banco de la República y el conocimiento generalizado de cuál es la situación del Banco Hipotecario, que el gobierno se encargó de vocear a los cuatro vientos.

Por ello, al reabrirse la actividad tal como se proyecta, es necesario definir claramente la mecánica de los depósitos y de los créditos, decidiendo las cosas que en este país no pueden ocurrir más.

¿Qué seguridad le pueden dar al país instituciones que, como las extranjeras, se han convertido en verdaderas aspiradoras del ahorro de los uruguayos? ¿El Banco Central no le debiera exigir a esas empresas también planes de negocios, para normalizar una operativa que no puede mantenerse como está?

La reapertura de un nuevo banco nacional, que refundiría las carteras sanas de las instituciones hoy suspendidas, es la oportunidad de establecer normas adecuadas para la totalidad del sistema. Uruguay ya no es más la «caja negra» de la Argentina, caducando hasta el tan remanido secreto bancario, ahora sin mayor utilidad. Tampoco vemos cuál es el sentido que tienen para nuestra economía instituciones ideadas a aspirar el poco ahorro que existe, sin concretar el lícito y tradicional negocio de los banqueros, que es fomentar la producción a través del crédito.

En pocas horas se conocerán plenamente qué ideas se han manejado para refundar las instituciones con matriz nacional, hoy suspendidas. Volver atrás, todos sabemos que no es posible. El negocio financiero se redujo en más de un 50 por ciento luego de la salida de los depósitos de los no residentes. Cualquier resolución que se adopte debe tener en cuenta ese tema, además de repartir las cargas: no sea cosa que solo los ahorristas y los trabajadores, que no tienen responsabilidad alguna en la crisis, sean los que paguen la crisis. *

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