Sacapuntas

Tiempo perdido

 

Los griegos iban a Delfos y preguntaban al oráculo cómo serían las cosas. Los romanos abrían a un cabrito para ver el destino en sus entrañas.

Pero en Uruguay, y aunque abundan los adivinadores, la oposición política, impedida por recato o sensatez de hurgar en santuarios o animales, ha debido aguardar por lo que Batlle diga cuando deje de hablar consigo mismo. Ayer empezó con Lacalle.

Qué pena. El presidente ha tardado tanto para salir de su burbuja y conversar, que estas cumbres servirán de poco.

Hablando de los bancos, y advirtiendo que la plaza financiera está a punto de estallar, tales encuentros tienen un tufo a pedido de votos que asusta. Si Batlle no sorprende con una ampliación de los plazos, con la que, además, causaría un batiboleo, apenas si dará breve detalle de lo que ya fue decidido; luego, hará la habitual apelación al «espíritu patriótico», buscando el asentimiento ajeno. Y bajo el brazo trae una ley que afectará los depósitos: así consagrará una fusión con problemas congénitos de iliquidez y dará vía libre a Moon, al que le siguen faltando unos millones por aquí y otros por allá.

El diálogo es una gran herramienta en una actividad política constructiva. Sólo que no puede haber diálogo útil si quien gobierna no informa cuando debe, que es igual a decir que no está dispuesto a aceptar otras ideas.

Piense, lector, qué haría usted si fuera Vázquez. Ha recibido unos escasos datos y tal vez reciba algunos más ahora, cuando estamos en los descuentos y la cortina viene bajando como loca. Vamos, hombre, que así es imposible cambiar cualquier rumbo, por errático que sea.

No creo que la oposición quiera poner obstáculos por mera gimnasia política. Pero si no hay tiempo ni la tolerancia imprescindibles, estas reuniones serán al cohete.

Había un adivinador madrileño que hacía esperar mucho a quienes iban a consultarle. Un día, viendo a un señor sentado en el piso, con cara de antesala de infarto, le preguntó qué pedía. Y el tipo contestó: -Mire, después de aguantar tanto aquí, lo único que espero es que la grúa no me haya llevado el coche. *

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