El modelo se agota
Mientras el gobierno (y el sistema político) se mantienen en una alarmante inercia, la crisis golpea cada vez más fuerte desnudando las características nefastas de un modelo que se presentó como dinamizador de la economía y como motor del crecimiento y que no hizo otra cosa que acelerar el deterioro.
En un país subdesarrollado –o en vías de desarrollo, para usar una expresión más suave– la implantación de un modelo liberal y aperturista implicó la profundización de la crisis estructural. Unido a esa crisis, el modelo se ocupó de exhibir, en poco tiempo, sus efectos más notorios y devastadores: la concentración de la riqueza y la exclusión social.
No vale la pena insistir con las cifras, los índices y los indicadores que ya todos conocemos y que revelan una realidad social aterradora. Pero sí es preciso destacar algunos hechos que confirman lo que sostenemos.
Desde que comenzó la prédica neoliberal, hemos estado oyendo que debía promoverse la competencia pues ello aseguraba la salud de la economía y beneficiaba al consumidor o al usuario. Fue –y sigue siendo– el caballito de batalla para argumentar a favor de la desestatización de las empresas públicas y la desregulación del mercado. Pues bien, en nuestra edición de ayer se informa de la fusión de las empresas cerveceras que hasta ahora operaban en el país y del inevitable surgimiento de un monopolio en esa industria de la bebida. Junto al proceso de desnacionalización de la industria –y en general de toda actividad económica–, también se asiste al fin de la competencia y al reinado de los monopolios en manos, obviamente, de empresas multinacionales.
¿Son éstas las bondades del modelo, de la modernización y de la inserción en el mundo globalizado?
Por otro lado, la crisis en el sector financiero no parece encontrar una solución medianamente satisfactoria. El gobierno, aislado en su soberbia, acepta apenas a regañadientes sentarse a discutir problemas de urgente resolución con la oposición, fuerza política que representa al cuarenta por ciento de la sociedad.
Y mientras se analizan los estudios de consultoras internacionales, el gremio bancario lleva adelante sus propios análisis. Es evidente que el sindicato tiene como principal preocupación atender al futuro de los trabajadores de los bancos suspendidos, y es razonable que así sea ya que las soluciones a estudio no contemplan los costos sociales. Hay que pensar que, como bien expresó un dirigente del gremio, a aquellos trabajadores de quienes se prescinda les quedan dos caminos: el cantegril o el aeropuerto. Y ello independietemente de la rebaja salarial que, aparentemente de forma inevitable, deberán sufrir quienes tengan la suerte de no perder su trabajo.
¿Es ésta la panacea que nos prometieron? *
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