Alimentación
Hablando de la felicidad social, Bertrand Russell dijo que no tiene utilidad dar a los hombres algo que se considera bueno abstractamente; debemos darles algo deseado o necesitado, si vamos a acrecentar su bienestar.
Hoy y aquí, y sobre todo entre los niños y los ancianos, extremos más vulnerables de la cadena social, no hay otro deseo más sentido y apremiante que la alimentación. Sin embargo, el gobierno, que habla pero no se mueve, parece incapaz de coordinar las ayudas dispersas: se supone que hay planes oficiales y se sabe que la propia gente está armando, desordenadamente tal vez, cadenas solidarias de ollas populares.
Peor todavía, ha sido confirmado otro préstamo del BID por cuarenta millones de dólares con destino a la infancia y la adolescencia y, como ocurre siempre, nadie sabe a ciencia cierta a qué nos obligará ni para qué será efectivamente destinado. Mientras tanto, y es apenas un ejemplo concluyente, el INDA sigue tropezando con burocracias variopintas en su intento por atender a los comedores barriales que se multiplican.
Sólo ordenando con sensatez los esfuerzos dispersos, los del propio Estado y los de la gente, sería posible eliminar el hambre de la sociedad uruguaya, aun en medio de la crisis que padecemos. Y digo más: ese ordenamiento –o esa coordinación, si uno quiere ser más preciso– permitiría que todas aquellas personas atendidas por un plan global se alimentasen en lugares apropiados; o sea, con comodidad, dignamente, sin penuria física. A tal fin están, existen, son reales, no sólo esos préstamos que después terminan aterrizando en cualquier parte, sino, y sobre todo, la comida y los locales indispensables para amparar a la población atendida.
Que no se haya resuelto un problema tan sencillo demuestra, sin atisbo de duda, cuán inútil y aplastante ha llegado a ser la verbosidad de Batlle y compañía.
Eso sí, debo reconocer que semejante cultura de la omisión ha incentivado la creatividad del humor popular.
Al gobierno ahora le dicen «seco de vientre». Porque se sienta y no hace nada. *
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