Consejos de economistas
Las tribulaciones económicas por las que atraviesa el país parecen haber aumentado el interés de la prensa y de la opinión pública por la palabra de los economistas.
Proliferan las mesas redondas, las conferencias y las entrevistas. Como elemento novedoso, el lector puede sorprenderse al constatar que muchos de los hasta hace poco defensores a ultranza del modelo y las líneas de acción económica del gobierno, aparecen alzando su voz admonitoria para criticar ásperamente «los errores» del gobierno del doctor Jorge Batlle o el gasto desmedido de la anterior administración presidida por el doctor Julio María Sanguinetti.
En una conferencia realizada en la Asociación de Dirigentes de Marketing, en la que participaron economistas de los tres partidos mayoritarios, tanto el colorado Michele Santo como el dirigente del Partido Nacional Ignacio de Posadas, formularon unas críticas tales al sistema político y a lo que llaman la crisis de liderazgo, que uno se siente tentado a pensar que los que así se expresan han estado enclaustrados en la actividad académica, en los estudios científicos puros manteniéndose por fuera de toda actividad política.
Hombres de los últimos gobiernos –y en algunos casos con visible protagonismo– no sienten que tengan que aludir a ninguna autocrítica a la hora de señalar que el Estado es caro o que hay una crisis de confianza.
Dando muestras de un señalable humor negro, Michele Santo tuvo la brillante idea de proponer «incrementar los salarios públicos en una tasa cercana a cero en enero» y lograr así «equilibrar las cuentas del gobierno central».
Algo apuntado a un rumbo similar surge de las palabras de otro mentor histórico del pensamiento económico de las derechas, el doctor Ramón Díaz, en sus sentenciosas declaraciones ante la periodista Sonia Breccia ,conductora del programa Primera Voz en 1410 AM LIBRE.
Aunque todos estos economistas están comprometidos absolutamente con la lógica del gobierno de coalición, el furibundo contenido de sus críticas al actual estado de cosas parece haberse gestado en la soledad de las ríspidas cuchillas.
Acerca de cómo se gestaron los actuales déficit, sobre eso no hay referencias ni pronunciamientos.
Acerca de cómo se «engordó» y se estropeó el aparato del Estado, sobre eso nada se dice.
Apenas el doctor Ramón Díaz, desde su óptica sistemáticamente conservadora, aporta un elemento crítico preciso: señala la responsabilidad histórica de Sanguinetti en el crecimiento del gasto público.
Como se recordará, cuando desde filas del Encuentro Progresista –y en pleno debate preelectoral–, se hizo pública la denuncia acerca del déficit que quedaría como «herencia maldita» al nuevo gobierno, desde el gobierno colorado y desde diversas tiendas se negó esa realidad. El déficit terminó siendo superior al denunciado, pero el efecto mediático y electoral se había conseguido.
Faltaron en aquel momento otros testimonios y otras voces para ilustrar a la opinión pública en el momento de emitir su voto.
Hay otro aspecto, en las tres exposiciones que comentamos, que no fueron las únicas en los eventos referidos, que merece ser señalado.
Los tres economistas conservadores coinciden en reclamar «un liderazgo fuerte» para enfrentar los déficit, la recesión y el endeudamiento.
El requerimiento de un liderazgo fuerte tiene su tradición y su camino recorrido en el país. Por lo general no ha conducido a nada positivo sino a un crecimiento del autoritarismo y –por consiguiente– de la inestabilidad política.
Nos afiliamos más bien al punto de vista de quienes, en una circunstancia como la actual, ponen el acento en la búsqueda de acuerdos, en la transparencia de las decisiones políticas y en la jerarquización del Parlamento como instancia de construcción de propuestas nacionales. *
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