El gobierno de la improvisación
Infinidad de trabajos han demostrado la vulnerabilidad de los negocios externos, a los que el gobierno del presidente Jorge Batlle juega todos sus boletos para lograr una supuesta reactivación económica. Estudios que, además, comprueban que los sectores exportadores sufren, por la histórica variabilidad imprevista de los mercados externos, situaciones de permanente inestabilidad.
Tenemos muchos ejemplos sobre ello en nuestro país. Los empresarios de los rubros primarios, como carne y lana, saben perfectamente de qué hablamos. En este momento los precios relativos, vía devaluación y caída del salario real, son competitivos y, sin embargo, la explosión exportadora no se produce, los mercados no se abren y la actividad económica sigue en caída.
Un informe del centro de investigaciones británico, Economist Intelligence Unit (EIU) conocido ayer por la prensa, estima –con muy buena voluntad, decimos nosotros– que es posible que la actividad podría remontar en 2004, «estimulada por la demanda externa», ya que la interna está «sofocada por una política económica recesiva».
El análisis de este centro británico no es nada alentador para un país donde la marginación está aumentando, según afirmaciones del nuevo ministro de Vivienda, en un diez por ciento anual, fenómeno medido por el crecimiento de los asentamientos irregulares.
Una situación dramática producto de una concepción inhumana expresada por el neoliberalismo globalizador. Batlle llegó al gobierno con su recetario completo y, de inmediato, puso manos a la obra que ya habían iniciado sus antecesores: su objetivo era integrar el país al mundo globalizado. La lógica de su estrategia estuvo dirigida, en primer lugar, a continuar con la supresión de todos los mecanismos proteccionistas, abriendo el país a las importaciones. Las industrias textiles y del calzado, para poner algunos ejemplos, pagaron con cierres el camino emprendido.
El segundo paso estaba en iniciar el desmantelamiento del Estado, pues éste podría tener la tendencia a proteger sectores determinados y no abrirlos a la competencia de las multinacionales. Como dice Ignacio Ramonet en nota publicada por Bitácora, «globalización» rima con «privatización» de todo lo que generalmente controla el Estado: teléfonos, electricidad, agua, energía, ferrocarriles, autopistas, compañías aéreas, educación, sanidad.
«La globalización neoliberal defiende al mercado y combate al Estado». En una lucha sin cuartel se enfrenta al sector público con el privado, lo individual contra lo colectivo, el egoísmo contra la solidaridad, el enriquecimiento personal contra el bien común.
Esta concepción, aclarada perfectamente por el director de Le Monde Diplomatique, engloba perfectamente el basamento ideológico de la concepción del presidente Batlle.
Sin embargo, en más de dos años de gestión, el gobierno no ha sido capaz, ni siquiera, de llevar adelante con mediana prolijidad sus ideas contrarias al interés de los uruguayos. No han sido ni siquiera coherentes con ese pensamiento nefasto. *
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