Valoremos el triunfo de Lula
Consideramos que resulta obligatorio mencionar el hecho que han promovido más de 50 millones de brasileños al elegir democráticamente a un trabajador como Presidente de su país. Ha sido un hecho que merece el mayor destaque posible y si bien todo el mundo mantiene una opinión expectante, muy poca gente resalta el hecho desde su real significación. Estamos ante la realidad de un hombre humilde y con características esencialmente propias del sacrificio que experimenta un ser humano nacido en el ámbito de una familia pobre que debió salir a la calle desde niño a vender algo para sobrevivir. Que llegó a perder un dedo de su mano, efectuando trabajos nocturnos y que ejerció la actividad metalúrgica, llegando a defender su actividad como gremialista fervoroso y luchador. Que fue preso por esa condición, padeciendo la tremenda realidad del encierro y hasta soportar la muerte de su madre, sin poder despedirla debido a su injusta detención.
Un hombre fundamentalmente sencillo, cuya felicidad es compartir la familia, atesorar amigos, que no es bueno por el hecho de ser pobre, sino que su condición natural de adoptar el trabajo como el motivo de su vida, lo ha convertido en un ser humano ejemplar, merecedor de la confianza mayoritaria de la gente. Acérrimo defensor de la libertad, al punto que cuando lo soltaron de la prisión, fue a su casa y abrió las puertas de las jaulas de todos los pájaros que tenía. Un símbolo, pero la demostración de un sentimiento.
A una persona con estas características pero que, además, no se le ha podido enlodar en ninguna maniobra, que es un ferviente defensor de la clase trabajadora, pero que además, ha sido honesta en cada uno de los hechos que ha protagonizado, hay que felicitarlo sin titubeos.
Brasil contará con un Presidente humilde que no pudo llegar a las Universidades. Nosotros estamos muy acostumbrados a premiar a quienes se han especializado en la profesionalización del Derecho y muy difícilmente le otorguemos crédito a un obrero. Sin embargo el gigante vecino se animó a darle oportunidad a Lula.
Es el comienzo de un cambio que esperemos se contagie en toda América. Con Partidos jóvenes que representan a la mayoría humilde de cada Nación y que merecen tener la oportunidad para intentar la búsqueda de un cambio inevitable.
Todos los trabajadores uruguayos debemos estar contentos ante este esperado cambio de Brasil y festejemos con mucha alegría, porque este triunfo repercute en toda América y nos otorga un profundo hálito de esperanza. El primer paso ya se dio, ¡ojalá que se lo imite! *
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