De radicales y perfilismos
Las elecciones internas para integrar la Dirección Nacional y la Mesa Política del Frente Amplio tiene sus claroscuros. Como virtud debe señalarse que ayuda a que se integre a partir del peso real que tiene cada sector. Pero como defecto, no menor, se cuela el análisis que después se hace de los resultados y suele producirse un viaje hacia el perfil de los que resultaron ganadores en las elecciones.
Si pensara que ello surge de las elecciones en sí, y no de los grupos que analizan los resultados, estaría pensando, y quizá proponiendo, que se realicen de otra manera. Pero, como pienso que cualquier oportunidad es buena para los viajes perfilistas, no voy a hacer proposiciones de ese tipo.
Sin embargo, voy a decir y repetir que ese tipo de errores no le hace ningún bien a la izquierda ni al Frente Amplio o el Encuentro Progresista.
Si los que ganaron las elecciones se encuentran entre los llamados radicales no se acumula más tratando de ponerse a la izquierda de ellos o estableciendo una competencia por ver quién es más radical o quién es el verdadero radical.
El interés de la izquierda no resiste más discusión que no anteponga el interés del país, el de los sectores populares y los de los que necesitan el desarrollo del país soberano para concretar sus reivindicaciones. Marcar perfil está reñido con la búsqueda de soluciones, pues conduce a que se piense más en la forma de crecer sectorialmente que en las soluciones en sí…
De esa forma no se parte de la base de que el crecimiento partidario es producto de las correctas posiciones asumidas, aunque ese crecimiento pueda ser lento, sino de que se aparezca con posiciones claras y distintas. Entonces se buscan, hasta artificialmente, esas diferencias.
Son tantos los errores y los problemas de los blancos y los colorados que la izquierda, con sus aciertos y a pesar de sus problemas y de sus errores, sigue creciendo. Pero esa no debería ser la forma de pararse ante la coalición, devaluada o no, que gobierna el país.
El principal problema del país, aquel contra el que hay que arremeter, es la crisis: la crisis productiva y laboral, la crisis de la vivienda y de la salud, la crisis de perspectivas y de identidad nacional, la crisis de confianza y falta de fe en la posibilidad de cambiar…
Y la principal tarea de la izquierda es encontrar una salida a la crisis, elaborar un programa de trabajo para lograr un país que funcione: de acuerdo a los intereses de los más perjudicados por tantos años de descalabro, sí, pero con medidas que logren que el país funcione, produzca, cree más empleo, distribuya y comercie, venda al exterior y la gente tenga ingresos que le permita hacer frente a sus principales necesidades.
No se trata de encontrar consignas con apariencia de radical, sino de consignas que den cuenta de las necesidades de la gente en el marco de un país que funcione.
Si el país no funciona las consignas no pueden dar cuenta de las necesidades de la gente y son puro palabrerío.
Y antes, mientras se lucha por los cambios, por cambiar la correlación de fuerzas necesaria para producirlos, tampoco se puede anteponer consignas o actitudes para contraponer con otros grupos frenteamplistas o encuentristas o incluso con otros sectores de su propio partido o movimiento… No se trata de dar testimonio de la lucha, sino de encontrar medidas más efectivas para avanzar en los objetivos trazadas: si no los hay, no los hay, y hay que decirlo con todas las letras. Pero no se puede andar inventando actividades para distraer a la gente, para darle algo qué hacer mientras se espera alegremente la coyuntura electoral.
Si se piensa que no hay más salida que esa, hay que decirlo; si hay otras salidas hay que procesarlas sin tardanza. Lo que no se puede es andar jugando con las expectativas creadas. La gente no es tonta y se da cuenta de lo que es en serio y de lo que es mero entretenimiento, y este no sólo no acumula, sino que aburre, crea desesperanza, desengaños y alejamientos.
La izquierda no puede pasar por estas cosas: no puede apostar a una cosa en un ámbito y a otra cosa en otro ámbito. No es serio. Pero pasa en las mejores familias de nuestra izquierda. El problema nos atraviesa a todos los sectores y cada cual sabrá que sayo ponerse.
El gran problema que está sufriendo el pueblo oriental es la crisis y la única salida instalar un gobierno de refundación, de reconstrucción o de salvación nacional… Le decimos de distinta forma, pero nos referimos a lo mismo: nos referimos a un gobierno que, con el eje del EP-FA, trabaje urgentemente por la reactivación productiva y laboral, por encontrar las mejores formas de financiar ese proceso, por una reforma tributaria basada en el impuesto a la renta, por renegociar la deuda externa y por una mayor inserción en el ámbito regional, al mismo tiempo que se producen las principales respuestas a las urgencias sociales.
Esa es la gran definición a realizar y enseguida ponerse a trabajar por ello: acercar el movimiento político y el movimiento social, elaborar propuestas y programas, realizar toda nuestra acción política en función de ellas, y actuar en todos los ámbitos sobre la base de esas definiciones.
Reconocer que nos falta mucho camino por recorrer en lo que tiene que ver con el relacionamiento de la fuerza política, su gobierno, los trabajadores y la sociedad. Y, como consecuencia, empezar a trabajar para mejorar ese aspecto, porque si lo hacemos mal en el gobierno municipal, y no lo corregimos, lo vamos a hacer mucho peor en el gobierno nacional.
Dejar los perfilismos y trabajar por los intereses generales: trabajar por una estrategia para el país para poder elaborar la estrategia del EP-FA, mucho antes que elaborar las estrategias partidarias o sectoriales.
Esa es nuestra principal tarea. *
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