Bancos suspendidos y reactivación

La situación de los bancos suspendidos se acerca a una definición con repercusiones difíciles de cuantificar. La evidencia de las dificultades que está encontrando el gobierno para proceder a la reapertura de los mismos, sea individualmente o por medio de la creación de un «megabanco», cada día son más palpables.

La situación desembocaría en la reapertura de una de las instituciones y, en un intento casi desesperado, vender o malvender el Banco Comercial a algún inversionista que estime todavía posible reflotar esa institución.

Todas las demás son especulaciones antojadizas, expresiones de deseo y, por supuesto, el temor más que evidente de que ese desenlace determine un costo político que, igualmente, el gobierno ya está pagando.

Por eso, cuando se habla de leyes que determinen la obligatoriedad de la reprogramación, se está nada más que lanzando cortinas de humo para tranquilizar a inversores y ahorristas, quienes -se estima- no se sentirían definitivamente estafados de aprobarse la referida norma.

Sin embargo el gobierno sabe muy bien que la razón real de que se trate de aprobar una norma de esas características está en impedir, en el caso de que alguno de estos bancos reabriera sus puertas, que los acreedores de los mismos se enfrenten con las cajas cerradas y arcas vacías.

Por ello es bueno que quienes vivimos en este bendito país sepamos de la profundidad de una crisis a la que nos ha llevado un gobierno irresponsable que no sólo malgastó miles de millones de dólares, tratando de mantener una estructura financiera insostenible, sino que además permitió que las instituciones que luego suspendió, fueran vaciadas.

¿Qué se nos pedirá ahora a los uruguayos? ¿Nuevos sacrificios? Todo es posible en este país, donde todavía hay siniestros personajes, autoproclamados como mesiánicos, que especulan con el caos y bloquean, desde siempre, cualquier camino para un entendimiento multipartidario.

Lo malo es que el desbarranque se sigue procesando, sin que se intente una sola medida por la cual se comience a recorrer el camino inverso al actual: hablamos de la necesaria reactivación productiva, sin la cual nada será posible y, para peor, ni siquiera el presidente Jorge Batlle podrá seguir sosteniendo que el objetivo de su gobierno es «honrar» con los pagos en fecha la gigantesca deuda externa que supera el 65 por ciento del PBI.

Es un imperativo para el país que a nivel político se encuentren puntos de acuerdo sobre los que todos nos pongamos a trabajar en forma inmediata. Es evidente que los organismos internacionales de crédito expresan una relativa disposición para reprogramar los pagos.

Y ello no para que Uruguay cuente con dinero para la reactivación, sino simplemente para cobrar lo prestado y así evitar el default. *

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