Otros tonos resuenan en la Cumbre Iberoamericana
La conferencia cumbre de los presidentes latinoamericanos más los de España y Portugal ha emitido unas declaraciones que son indicio bastante claro de las preocupaciones agobiantes que aquejan a las elites políticas latinoamericanas en este momento tan dramático por el que atraviesan nuestros pueblos.
El encuentro, -celebrado en Playa Bávaro, un centro turístico de República Dominicana,- mostró, de acuerdo a las crónicas de La Jornada de México, la gran disconformidad que existe en los gobiernos de la región con relación a las actitudes asumidas por el Fondo Monetario Internacional.
Aunque ese giro no quedó finalmente consignado en los documentos finales, la crónica alude a la existencia en la conferencia y en sus instancias de trabajo de una serie de referencias críticas acerca del papel histórico cumplido por el Fondo Monetario con relación al desarrollo económico y social latinoamericano. ¡Pensar que el algún momento se pretendió que las críticas al FMI eran cosas del pasado! Ahora son los jefes de estado, -muchos de ellos, como el presidente mexicano Vicente Fox, pertenecientes a partidos notoriamente conservadores,- los que alzan su protesta con los males que se derivan de la aplicación de las fórmulas fondomonetaristas.
Como recuerda la crónica citada, ha sido el mismo presidente Vicente Fox quien hace apenas una semana anunció, durante una visita a Londres, que México «no volverá a seguir los lineamientos del Fondo».
Otra circunstancia de interés se configuró en torno a la situación que vive la Argentina y la dilatada pulseada que su gobierno viene soportando con la burocracia del Fondo. Una declaración de los presidentes puso particular énfasis en el respaldo de la posición argentina y exhortó a trabajar políticamente a favor de ella.
En este como en otros terrenos, la voces de los presidentes dejaron oír otros tonos. La necesidad de hacer confluir los esfuerzos de las distintas naciones de la región y de hablar con una voz común recuerda las antiguas aspiraciones de unidad latinoamericanas que nunca se han disipado.
Un capítulo especial de la conferencia cumbre lo constituyó la presencia de Jacques Diouf, representante del Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación (FAO).
El informe presentado Diouf es claro y terminante y se alza como un acta de acusación contra los poderes responsables de la actual situación del continente.
Señala por ejemplo, que el Producto Bruto Interno de los países latinoamericanos ha caído promedialmente un 2% en estos últimos años. Al finalizar el año 2002 habrá siete millones de pobres más que el año pasado. En América Latina viven 211 millones de pobres constituyendo el 54% de la población. Más de la mitad de esas personas se consideran indigentes.
El presidente del BID, Contador Enrique Iglesias reconoció que 220 millones de personas en América Latina «carecen de seguridad alimentaria» y «alrededor de 100 millones viven en la indigencia».
La brutalidad de las cifras y constataciones no impidió, sin embargo, que Iglesias les hiciera a los presidentes un llamamiento para evitar las «tentaciones populistas», concepto cuyo alcance preciso es objeto en nuestro y en otros continentes de embrollados debates sociológicos y políticos.
Por segunda vez consecutiva, el presidente del gobierno cubano, Dr. Fidel Castro, no concurrió al encuentro. En su lugar, participó el vice presidente Carlos Lages que no desdeñó la instancia para condenar a los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Japón que «aplican un riguroso y selectivo proteccionismo para alcanzar su desarrollo y ahora pretenden que el resto del mundo se desenvuelva en el más puro liberalismo». *
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