Bancos y blancos
Antonio Pippo
El gobierno ya decidió qué hacer, aunque todavía no sabe si podrá hacerlo. Por lo pronto, la reapertura de los bancos suspendidos, en un caso directa y en otros a través de la fusión, exige la aprobación de dos leyes especiales.
Primera pregunta: ¿están los votos?
Aquí entran, de nuevo, los blancos corcoveadores. Les va a sonar el timbre a cada rato, porque, según el vicepresidente Hierro, hay otros textos legales que también necesitan de sus manos alzadas. La leve sonrisa con que este hombre comunicó la novedad a los periodistas dio idea de que anida en él una certeza.
Otra pregunta: ¿qué hace sentir tanta seguridad al gobierno acerca de la actitud de quienes fueron sus socios en la pluscuamperfecta coalición fallecida?
Uno tiene la impresión de que la voluntariedad (¿o la irresponsabilidad?) campea como si nada. Recuerde, lector, que Atchugarry ha retaceado información acerca de qué sistema financiero se está proyectando. Lacalle, Larrañaga y otros blancos han seguido diciendo, palabra más o menos, que «no saben qué pasará con los bancos», como no han sabido, desde la asunción de Batlle, por dónde discurriría la economía cada día. ¿De qué modo responsable podrían ahora, más allá de la ansiedad del gobierno, consagrar legalmente algo tan crucial?
Hay tres caminos para los blancos: dar los votos sin pensarlo demasiado, como han hecho antes, apelando a esa bambolla del «compromiso patriótico» con que se pretende tapar todas las macanas; negar los votos tras pensarlo mucho, si es que la solución planteada no condice con el bien común; o, si no están convencidos, pedir más tiempo para estudiar la propuesta con seriedad.
Andar por cualquiera de los dos últimos caminos podría demorar el acomodo del sistema financiero. Pero ir por el primero probablemente empujaría al país a un precipicio del que tal vez apenas nos separe un paso.
¿La izquierda? Pues, hombre, ¡si no la llaman! Batlle la ignora, Hierro la reta y otros conspiran contra ella. No, no, si no cambian las reglas, esto –qué aprieto, che– es cosa del gran rabanito nacional. *
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