Imprudente desborde del ministro Stirling
El diario El País publica en su edición de ayer una extensa entrevista al ministro del Interior Guillermo Stirling. En ella, el secretario de Estado aborda diversas facetas de la realidad nacional, algunas vinculadas a temas propios de su cartera pero otras que escapan a su función e invaden el peligroso terreno del análisis político y político-partidario. Por su investidura y por las características del cargo que ocupa, el escribano Stirling está inhabilitado para emitir opiniones y juicios ajenos a la problemática del ministerio; no debe olvidar que no ocupa una banca en el Parlamento sino que está al frente de una secretaría de Estado que cumple una función especialmente delicada y al servicio de la comunidad, es decir de todos los uruguayos sin distinción de posturas políticas e ideológicas.
Además de insistir en que el procesamiento de Juan Carlos Blanco fue inconveniente y lo considera una señal «de que hay cuentas que se pretenden cobrar para un solo lado», el escribano Stirling cree del caso emitir su opinión sobre los partidos políticos. Entre otras, vale la pena destacar las siguientes afirmaciones: «Desde hace por lo menos cuarenta años la izquierda le atribuye a ‘infiltrados’ o a los Servicios de Inteligencia cualquier desborde de su propia gente que termina afectando su imagen pública. (…) Ellos saben que estas manifestaciones de intolerancia son provocadas por grupos radicalizados de izquierda (…) que no pueden ser controlados por esa misma izquierda».
Con ser inoportunas por desbordar los límites que su cargo le impone, tales afirmaciones quedan sin embargo opacadas cuando el ministro del Interior –respondiendo a una pregunta del periodista– hace un paralelo entre Lula y T. Vázquez y concluye: «Lula ha demostrado un cambio sustancial (…) Vázquez no nos ha demostrado ningún cambio. La izquierda uruguaya sigue teniendo hoy el mismo discurso histórico de hace cuarenta años». ¿Corresponde que el ministro del Interior emita un juicio de valor sobre un partido político rival del suyo?
Pero quizá lo más grave es que el escribano Stirling se adelanta a la campaña electoral cuando sostiene: «En el Partido Colorado hay un candidato natural, que es el doctor Sanguinetti. Un hombre de peso, un hombre de trayectoria, un hombre inteligente, un hombre experiente». Todo un panegírico al líder de su sector y más que probable postulante a un tercer período de gobierno. ¿No es acaso una imprudente extralimitación?
Mucho lamentamos este desborde del escribano Stirling, un hombre que se había destacado hasta ahora por su ponderación y prudencia. *
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