La superstición
Me hallo ante la dramática duda de que el ministro de Salud Pública sea un ser supersticioso. Y digo esto porque una de las características de la superstición es causar extinciones.
Permítame, lector, un solo ejemplo esclarecedor. Como se sabe, el rinoceronte de la India ha sido prácticamente exterminado por obra de la superstición. Como se creía –sobre todo los chinos– que el cuerno de este animal era un poderoso afrodisíaco, su caza se hizo indiscriminada y salvaje. Por cierto, ahora también se sabe que el cuerno del pobre perisodáctilo no estimula un carajo. O sea, lo han extinguido al pedo.
El ministro de Salud Pública se caracteriza por promover ideas que suelen terminar con la vida de algo. Su actual objetivo parece ser el Instituto Nacional de Oncología, un centro especializado absolutamente necesario, hoy sometido al riesgo de interrumpir su rutina de tratamientos y cirugías. Si así ocurre, muchos pacientes, desgraciadamente los más pobres, serán derivados a los hospitales públicos. Y todos sabemos, más tratándose del cáncer y sus secuelas, lo que eso significa.
Es probable que el Instituto de Oncología, pese a su alta calificación aquí y en el exterior, no funcione según alguna pauta ideal. Y es probable que haya que hacerle unos cuantos ajustes. Pero es irracional decretar, por vía de supuestas medidas administrativas, su virtual extinción. O, si uno quiere ser menos trágico, es igualmente irracional imponerle unas limitaciones que han de precipitarlo a un estado agónico.
¿El ministro piensa poco antes de hacer? ¿Sabe lo suficiente acerca de lo que tiene entre manos? ¿Está mal asesorado? ¿O es, nomás, un supersticioso?
El hombre es un transformador de la naturaleza, aunque ha destruido tanto como ha edificado; su mayor aporte quizás haya sido la agregación: es decir, trasladar plantas y animales valiosos a diversos puntos. Tal vez Varela aspire a ser un transformador de la salud pública; le será imposible mientras, al menos, no cuente hasta diez antes de decidir nada. A ver si agrega en vez de acabar con todo a su paso. *
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