Mercosur y Lula
La eufórica columna a ritmo de samba, desbordante de camisas y banderas rojas petistas, había llegado frente al lujoso Hotel Meridien de Copacabana, uno de los lugares de festejo del triunfo de Lula. Dobló por la Avenida Princesa Isabel en dirección oeste y se armó el baile popular. Me vi en medio de esa locura rodeado de pueblo, y por encima de todo y de todos: el grito al unísono: ¡Lulala, Lulele…!
El hombre llevaba un gorrito del PT. Tendría unos 80 años y era casi ciego. Se desplazaba con enormes dificultades, bastón mediante. Lloraba. Me dijo: ¡50 años que pertenezco al Partido Comunista! ¡Siempre, siempre creí que algún día festejaría!
Le dije que era uruguayo y me dio un abrazo mercosureño grandote como todo Brasil, agregando: Mercosur ¡Gracias por estar! Y siguió abrazando pueblo y llorando.
No era un hombre en pose, pronunciando un discurso preparado, de bolsillo. No. Era el viejo militante en acción y en festejo. Conmovedor.
Fui testigo directo de un acontecimiento que creo histórico para América Latina. ¿Estará llegando la hora de lo social?
El presidente del BID, Enrique Iglesias, ha dicho horas atrás: el modelo neoliberal está seriamente cuestionado; ha aumentado la pobreza global; hay necesidad de regular la actividad financiera; son necesarias políticas sociales.
Estoy tentado de decirle al contador: ¡tarde piaste! Pero no. En primer lugar, porque nunca es tarde para este tipo de cuestiones. Y además, no corresponde agraviarlo por más discrepancias que se hayan tenido o se tengan con él. Es hora de sumar. Otros en cambio, sí, que merecen el total desprecio.
Lula, por trayectoria y coherencia es un hombre creíble. Tiene crédito abierto. Se abre una gran esperanza. La historia dirá. Esperemos.
Pero volvamos al querido hombre del bastón y lentes negros, que agradeció a este ciudadano de un pequeño país, su presencia en los festejos.
Era evidente que nunca había celebrado. ¿Cómo hacerlo en un país que a pesar de ser la novena economía del mundo, históricamente se ha caracterizado por ser de los más injustos del planeta, sino el más?
El agradecimiento era una señal acerca de la necesidad de cambios políticos sustanciales en su país y en la región. A la vez me estaba diciendo que de una vez por todas, la integración no sea mirada sólo como un hecho comercial, financiero y de libre comercio, sino como un fenómeno multidimensional, esto es: económico, social, cultural, ambiental, etc. Lo contrario será otra cosa, pero no integración.
Porque ¿lo que ha fracasado es la integración, o sólo un modelo de la misma: el neoliberal, comercial y financiero, orientado por las políticas nacionales economicistas que llevan adelante Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y que hoy el propio Enrique Iglesias cuestiona?
Cuando nos enteramos de que se nos están yendo cinco uruguayos por hora, no cabe otra cosa que expresar que si bien la libre circulación, esto es, el derecho a irse es fundamental, también lo es el derecho a quedarse en el país. En definitiva: la emigración debe ser un acto de libertad y no una consecuencia de la necesidad de subsistir.
Cuando de libre circulación de trabajadores se habla, razones éticas y sociales imponen un trato muy cuidadoso. Se trata de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y sus familias, de los países de la región.
La seguridad social tiene mucho que ver con ello. Sin embargo, los gobiernos de la región,. Argentina, Uruguay y Chile fundamentalmente, le han asignado el papel de herramienta financiera al servicio del lucro y la especulación, aplicando aquello que algún ex jerarca del BPS decía: ¡hacé la tuya!»
El fuerte abrazo del viejo militante progresista brasileño, nos hace seguir creyendo en la utopía solidaria. *
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