Revitalizar el mercado interno
Hay una coincidencia casi unánime en ver como causa central de la situación que vive el país, la caída del poder de compra de la gente y el consiguiente achicamiento del mercado interno.
Sin embargo, ¿cómo recuperar lo perdido cuando se vive un cuasi default interno? No es tarea fácil, sin lugar a dudas, reencaminar al país en el rumbo opuesto al que está transitando desde la devaluación brasileña de febrero de 1999, en la última etapa del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti.
Fue el momento en que comenzó el derrumbe del país del dólar barato, de las ventas récords de automóviles cero quilómetro. La soberbia inoperante del gobierno de la época, pese a que el costo país se multiplicó y los precios relativos determinaron la caída de las exportaciones, jugó una partida suicida, estimando que la inflación en Brasil cerraría la brecha cambiaria.
Luego vino Jorge Batlle y su gobierno «divertido», con un ministro de economía ortodoxo en su concepción técnica que paralizó al país, esperando que el ciclo económico se modificara en algún momento. Cuando aparecieron las dificultades recurrió siempre a los mismos instrumentos: aumentar tributos, recortar el salario de los trabajadores para culminar, en el transcurso del año que todavía no finalizó, en la dilapidación a mansalva de todos los recursos del país que fueron traspasados a un sistema financiero, que quedó fuera de tamaño luego de la corrida de los depositantes no residentes y además sufrió las acciones delictivas de banqueros, todos ellos vinculados a los círculos de poder del gobierno colorado.
Ahora el país está quebrado. Se ha llegado a un límite infranqueable. Más pobreza, más reducción de sueldos y jubilaciones, es algo impensable, porque además esa política –pese a las advertencias que se hicieron oportunamente– es la que deterioró la recaudación y determinó un déficit fiscal que ronda los seis puntos del PBI.
El default interno es un hecho. A la morosidad del gobierno se suma la reprogramación de los depósitos en la banca y, por supuesto, la situación de los cuatro bancos suspendidos, sin que nadie responda por los cientos de millones de dólares que quedaron paralizados.
La situación es la peor, pero ¿qué otro camino es posible que no sea la reactivación productiva, vía una inmediata mejoría del consumo? Existe un clamor generalizado, el reclamo coincidente de las cámaras empresariales, del comercio mayorista y minorista, de los trabajadores. El consumo de los uruguayos debe mejorar.
¿Existen mecanismos para ello? Son difíciles de instrumentar, pero es el momento de reintentar trascendentes acuerdos a nivel político. Hay que evitar que la catástrofe se generalice aun más. *
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