Tributos
Antonio Pippo
Si usted, lector, se rasca la cabeza, ¿por qué lo hace? Quizás la pediculosis lo traiga mal, pero hay otra razón: puede estar confundido. Según Tinbergen, cuando la confusión alcanza grados muy altos los movimientos instintivos son impulsados, por decirlo de algún modo, «erróneamente». Se produce entonces un «movimiento de sustitución»; o sea, una respuesta emocional inesperada ante la realidad.
Eso me ocurre ahora, debido a la información que día a día va apareciendo acerca del régimen tributario. A cada rato me descubro rascándome la cabeza. ¿Qué cosa despierta en mí una confusión tan mortificante?
Vea, lector, un ejemplo clarísimo. Se ha sabido que los vinos importados no pagan el Imesi, ni doble ni sencillo. Lo han denunciado los trabajadores de la bebida, como parte de su estrategia de respaldo a las fábricas cerveceras, empresas que pagan puntualmente el impuesto y, como consecuencia, se hallan en una situación desventajosa. Junto a los demás ingredientes de la crisis económica, esta injusticia tributaria ha afectado su lucro legítimo y comprometido aún más la estabilidad de sus puestos de trabajo.
No es todo. Nadie ha podido explicar a los trabajadores ni a los empresarios, aunque hacen cola preguntando en el parlamento, por qué esos vinos han sido bendecidos por semejante exoneración. ¿No es que el gobierno necesita recursos genuinos? ¿No es que ha decidido proteger a la producción nacional? Esto se asemeja a lo que pasa con los cigarrillos; todo el mundo sabe que podrían y deberían pagar más impuestos, pero cada vez que se menciona el punto, los legisladores caen en una conmovedora catalepsia.
Acá hay gato encerrado. ¡Si habrá que andar advertidos cuando se hable de reforma impositiva! Quienes metan mano en eso han de estar dispuestos, si son honestos, a barrer densos polvos y levantar pesadas tapas de cajas con sorpresas.
De nuevo estoy rascándome la cabeza. No quiero hacer el ridículo, pero me alegro de saber que es por la confusión creciente. Los piojos, con la malaria que padecemos, hace rato hicieron rancho aparte. *
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