Quiénes son los responsables del descalabro

JOSE LUIS SAMPAYO PIREZ

 

Los sueldos y pasividades hace mucho tiempo que sufren un descenso con relación al costo de vida y todos sabemos qué factores son los que influyen para que el asalariado sea el que pague las consecuencias de la caída cada vez más vertiginosa de los ingresos fijos, lo que se traduce en un aumento creciente de la pobreza y de una generalización de la miseria cuyo componente más dramático es el hambre. Se ha puesto por parte de los gobernantes un gran énfasis en las posibilidades de solución de los problemas financieros descubiertos y no hay dudas que ello tiene una gran importancia. Se hace cuestión de Estado recomponer el sistema que la corrupción carcomió y en algunas cosas estamos de acuerdo. Por ejemplo y como primera cosa, salvaguardar los puestos de trabajo; también las fuentes crediticias para los que pretendan invertir en trabajo y decidir de una buena vez en qué condiciones la banca extranjera -que es toda la privada-, puede operar con garantías para que nunca más los uruguayos que pasamos necesidades tengamos que volcar cerca de mil millones de dólares para que la imagen del país no se deteriore.

Pero a la vez, y de esa misma forma, el gobierno de este país debe poner el acento en detectar a los responsables de los organismos públicos que permitieron por amiguismo, por incapacidad o por falta de escrúpulos, que los uruguayos afronten los resultados de los vaciamientos bancarios, comiendo poco o nada, con la luz y el agua cortada y sufriendo un ajuste fiscal cada vez que sopla viento norte.

Los que hicieron el mandado de la desregulación laboral, elemento fundamental de la globalización y de la economía del libre mercado, cuyo azote se hace cada vez más intenso de fines de los 80 hasta hoy, aparecen en cámara con cara de distraídos y pretendiendo que la gente también se distraiga con otras cosas, como las reuniones de los lunes en la calle Juan Carlos Gómez o con discursos como el del viernes 11 entre las naranjas, que fue repudiado por un buen número de salteños y de lo cual los «soldados» sanguinettistas culpan al PIT-CNT.

Mientras tanto, el pueblo está a merced de quienes medran y especulan con la situación y los únicos que pierden, como siempre, son los que, como eslabón final de la cadena de consumo, pagan todos los aumentos que importadores, mayoristas, distribuidores, manufactureros y vendedores le han agregado a los costos inflados de los productos integrantes de la canasta de artículos de primera necesidad. La responsabilidad es en primera instancia del gobierno nacional pero también es de los gobiernos departamentales que permiten la venta de artículos de pésima calidad. Por ejemplo, la carne picada se ha transformado en un recurso múltiple para los pobres que aún la pueden comprar, sin embargo hay carnicerías que venden grasa con un 20% de carne en lugar de vender carne con un 20 % de grasa, que es lo que permiten las ordenanzas bromatológicas. Para comprobarlo basta con visitar las carnicerías de cualquier cadena de almacenes de grandes superficies. La densidad del aceite comestible dejó de ser de 0,92 y se acerca a la del agua que es de 1 kilogramo. Hay harinas que dejaron de ser blancas y para consumo humano. ¿No hay quien pare la mano?

Es increíble que a cuatro meses de haberse producido la crisis que afectó a la gran mayoría de los uruguayos, los gobernantes le digan a la gente que «están estudiando» el problema y permitan que en homenaje a la «libertad de la oferta y la demanda» se esquilme al pueblo, lo que evidencia una silenciosa complicidad con quienes nunca pierden. Es esta una buena fórmula para enardecer a la gente.

Desde hace años están haciendo cuentos con la reactivación y nunca destinaron un solo peso para ello. Desde hace años regalan aportes patronales que corresponderían al Sistema de Seguridad Social para crear puestos de trabajo y han logrado aumentar las cuentas bancarias de muchos patrones y la desocupación a cifras históricas. Desde hace años se dice que hay demasiados cuarteles pero suprimen gastos en Salud Pública. Hasta cuando piensan que la gente puede soportar la burla de escuchar siempre que… «ya empezó a mejorar la situación». Lo que sí se hacen son «megaconcesiones» para que, en dudosas adjudicaciones, alguna empresa conformada de apuro siempre por amigos del poder, prometa que va a hacer lo que nunca hará, como sucedió con los adjudicatarios de la doble vía a Punta del Este.

Este gobierno tiene hoy, a más de dos años de su partida, responsabilidades mucho mayores que las que recibió al llegar. La radiografía del Uruguay de hoy es el resultado de la gestión que ha concretado, más allá de las críticas que podamos hacer y es su obligación tratar de revertir cosas, la más importante, la pobreza extrema a la que se ha empujado a mucha gente.

Por lo menos, se debe alentar la posibilidad de que se cree trabajo y que el trabajador se sienta digno. Volver al respeto de la Constitución y de las normas internacionales. Se ha sumido a la gente en la esclavitud por la imposición de la doctrina fondomonetarista y ahora, como dice Stiglitz, a los buenos alumnos del FMI les pasa lo que al Uruguay de hoy. Hay que dejar de culpar a la gente por protestar por sus derechos a la vida digna, a comer y a darle de comer a sus hijos. Hay que dejar de culpar a los pobres que no nacen al sur de Avenida Italia y hay que dejar de culpar al Sistema de Seguridad Social, al que sus beneficiarios de hoy, han aportado honestamente durante toda una vida. *

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