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Cuando la Humanidad ha ingresado en el tercer milenio, un país retrocede varios siglos aplicando la censura a las ideas y practicando la peor intolerancia.
Ni la fe ni las ideas se defienden ejecutando al adversario. Un régimen que no admite el disenso está condenado de antemano pues demuestra una profunda debilidad y falta de confianza en la doctrina que le sirve de base.
Este fallo es una aberración jurídica que tenemos la obligación de denunciar. *
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