Estatismo
No lo puedo evitar. El dólar estático (¿o «extático»?) me tiene muy angustiado. Diría que casi no me deja vivir. Bueno, tal vez sea una exageración, pero es evidente que no le calma los nervios a nadie.
Cuando fuimos alegremente conducidos hacia la libre flotación, superada apenas la sorpresa por la contorsión de un gobierno que nos había hecho creer que «aquí no pasa nada», recibimos una información clave: el país necesitaba mejorar su competitividad en el exterior. Porque, como tanto ha repetido Batlle con su vocabulario rico y su memoria frágil, si no abrimos nuevos mercados y vendemos más no habrá salvación alguna.
Como era previsible, a los diez segundos de eliminadas las bandas, el dólar trepó y trepó hasta consagrar una devaluación de casi el cuarenta por ciento. Ahí aparecieron, enseguida y entre tantos, las aceiteras y los frigoríficos que, en un de inmediato jocoso escenario montado por los supermercados, le dieron jaque mate a la alimentación tradicional de los uruguayos.
Caliente como un beduino, uno, lidiando con los precios, igual trataba aquellos días de pensar positivamente: está bien, el IPC parece un globo aerostático, pero por fin los exportadores venderán y entrarán divisas y habrá trabajo y todos seremos felices y comeremos perdices…, ya que el asado está tan caro.
Pero no. No se ha vendido más ni mejor. No se han abierto nuevos mercados. Y crece el desempleo y la carestía sigue, como si tal cosa.
Y entonces el dólar, de pronto, quedó remachado.
Ah, no. Uno tiene derecho a saber qué pasa. ¿Cómo es posible que en un régimen de libre flotación, y con todo lo que se dijo, el dólar se vuelva apoplético? Aquí hay gato encerrado. O la manipulación que el Banco Central está haciendo del mercado cambiario es escalofriante, o nos hemos quedado sin actividad económica –llámele usted, lector, concordatos y quiebras en cascada, cesación de la cadena de pagos, o como quiera- y nadie nos ha avisado.
Digan algo, ya.
¿O me van a hacer creer que tienen al dólar clavado como una estaca porque están preocupados por mi bolsillo? *
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