Contradicciones en el conflicto municipal

 

El conflicto no sólo convulsionó a la IMM, a sus trabajadores, a los montevideanos, sino también a la izquierda, que con posiciones disímiles, enfrentó una situación difícil, la cual ha servido para enturbiar la claridad ideológica de muchos. En la vorágine de acontecimientos se plantearon también contradicciones y antagonismos que, si no se resuelven a partir de esta experiencia, pueden ser un pesado lastre para el eventual gobierno del doctor Tabaré Vázquez.

La primera dicotomía que se debe analizar surge de la polémica planteada con la actuación del presidente del Encuentro Progresista   Frente Amplio, que le indicó a una delegación de Adeom, que su organización política mantiene como elemento fundamental de su accionar el cumplir los compromisos realizados con los trabajadores. Claro, más allá de que Vázquez también lo dijera explícitamente, es razonable señalar que ese «cumplimiento» debe basarse en las posibilidades reales.

Cualquier uruguayo que quiera pagar sus cuentas, estar al día con los impuestos, mantenerse conectado a los servicios esenciales, deberá recibir un monto adecuado para ello a través de sueldos, jubilaciones, etc. Pero si los ingresos son menores al volumen de dinero que todo lo anterior significa, todo no se puede mantener por más que se quiera. Y eso fue lo que sostuvo Vázquez, y es lo que le está ocurriendo a la propia IMM que no puede recaudar más en el marco de una población empobrecida.

¿Cómo es posible pensar que debe cercenarse de un tajo la relación entre la organización política y un gobierno que llegó al poder gracias a la militancia abnegada de gente que trabajó para que Montevideo fuera frenteamplista? Gobernar es articular, y ello, más allá de errores propios y ajenos, es lo que está ocurriendo. No es posible cumplir por ahora el convenio con Adeom, ya que hacerlo significaría paralizar las tareas específicas de la IMM.

Pero para que nadie se confunda, que quede bien claro: con ello no queremos decir que deba existir injerencia política en las labores técnicas, en si se pavimenta una calle, se abre un camino, se multa a un conductor, o se colocan focos de luz en alguna esquina. Pero sí es obligación de la fuerza política analizar, aconsejar y decidir sobre los esenciales elementos de la política comunal y, cómo no, en un tema tan importante y fundamental como es el relacionamiento con los trabajadores.

Existen otros temas que están engarzados también con el virulento conflicto, en donde primó por parte de grupos de exaltados, una metodología que nada tiene que ver con el relacionamiento que deben tener los trabajadores con un gobierno municipal, especialmente cuando éste es frenteamplista. La metodología utilizada por algunos se convierte en ocasiones en el peor enemigo de los trabajadores mismos. Pocos montevideanos dejaron de indignarse ante los brutales insultos propinados a las autoridades municipales y, en especial, por la bajeza moral que significó la agresión verbal contra Ernesto de los Campos. Y, ni hablar, de los balazos disparados contra un trabajador privado que manejaba un camión que recolectaba residuos y las agresiones contra periodistas.

¿En qué cabeza cabe que con esos métodos se pueda incidir en la solución de un conflicto de estas características, en que la IMM es rehén de la política de un gobierno irresponsable, como el de Batlle, que ha logrado que el país se desbarranque en un abismo insondable?

Una IMM que toleró esas agresiones sin siquiera recurrir a los mecanismos que deben aplicarse en un Estado de Derecho, mirando con una sorprendente indiferencia las agresiones verbales –y en algunos casos de otro tipo –, pasando el propio intendente, con riesgos evidentes, junto a los exaltados que no tuvieron otro recurso, para intentar imponer sus reclamos, que el insulto.

La actuación de la Justicia fue contradictoria, especialmente cuando algunos exaltados traspasaron largamente la línea de la legalidad. ¿Es lo que debe ocurrir en un Estado de Derecho, donde todos somos iguales ante la ley y los conflictos, por más difíciles que sean, deben dilucidarse en el marco de la cordura?

Los piquetes en el túnel de la IMM hacen recordar otras épocas, otros métodos, en donde primaba la intolerancia frente a la razón. Aquellas épocas a las que los uruguayos pudimos escapar luego de muchos sacrificios, persecuciones, torturas, muertes y cárceles.

La intolerancia hay que desecharla. Lo que sirve es la inteligencia, nunca la brutal virulencia dogmática, desclasada. *

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