¡Y nos fuimos!
Fue por goleada. 290 votos a favor y sólo 112 para quedarse con la coalición colorada.
Cierto es que los gobiernos de coalición son hoy una realidad en el mundo; pero también es cierto que debe haber un mínimo de acuerdos programáticos afines y la disposición de la fuerza gobernante de respetar al socio coalicionado en sus legítimas aspiraciones y propuestas. Por acuerdos programáticos se entendió en el caso del gobierno de don Jorge, que sólo se limitaba a un mero reparto de «carguetes». Cuatro ministerios a cuyos titulares no se les «llevó el apunte» nunca. El propio doctor Abreu en su oportunidad lo denunció, que transformaba a las carteras en órganos intrascendentes. Que se quedaran o no los ministros blancos tanto daba. Tan es así, bien lo señaló Larrañaga, que el presidente anunció la eliminación de varios ministerios ocupados por los blancos. O sea, no son imprescindibles a confesión de parte presidencial. De ideas, proyectos e iniciativas, que los blancos aportaron, no se les dio la más mínima «bolilla». Todo eso conlleva en segundo lugar a la falta de respeto a la contraparte. Se adoptaron resoluciones gravitantes nada menos que económicas entre el presidente y Bensión en que no se comunicó ni al Parlamento ni al Partido Nacional. En buen romance, a los sectores que nunca fuimos afines y además discrepantes, caso de Larrañaga y su Alianza Nacional, nos daba la sensación de que los blancos estaban «pintados», como se dice. No obstante, y acá está el «anecdotario», un grupo de intendentes paradójicamente, pegaron un sorpresivo e inesperado «giro o trompo» que ni Reutemann en Indianápolis lo hubiese hecho más espectacular. Incluso hubo uno que en el reciente balotaje aconsejó votar por Tabaré Vázquez, se «prendó» de don Jorge y quería su coalición y por ende sus «afectos». ¡Increíble! ¡Qué frustración para el Taba si se lo llega a tomar en serio! Y el resto de ese grupo, que reconocen que el gobierno central les niega y retacea las partidas económicas indispensables para el funcionamiento de las comunas, fueron también «nostálgicos» en abandonar el adefesio coalicionista. ¡Cosas veredes Sancho! Pero justo es consignar que no fue sólo ese grupito de intendentes el retrechero. Hubo otros «multitudinarios» grupos, que entre todos suman un solitario diputado, dicho con el mayor respeto, eran los más indignados y agresivos opositores a la ida. No retacearon agravios, por cierto. Se llegó a afirmar por parte de un aislado representante de un embajador, que era una cobardía abandonar el «buque insignia» de la agusanada flota colorada gubernamental en este momento. ¿Y en qué momento prefieren? Sería bueno reforzarle el «coraje cívico» que se tuvo con el gobierno de Julio María, donde se hermanaron con tan apasionados cariños, que ayudaron eficazmente a perder 300.000 votos blancos que se fueron al Frente. Así nos fue. Se nos espetó también por parte de un iracundo ministro blanco de Batlle, a quien no obstante apreciamos, que nosotros votamos a Lacalle. Y es cierto. Claro, se olvida en su enojo que el peor de los blancos es mil veces preferible al más «bonachón» de los «salvajes» colorados. Lo dijo don Pepe, al revés. Ideólogo histórico del gobierno que usted representa hasta que no renuncie, y que defiende aún. Pero además, tanto Larrañaga como Alianza y por supuesto yo, hace dos años y medio, desde el «vamos» que somos feroces contrarios a la coalición «finada». O sea, somos coherentes. No fuimos a la posición del doctor Lacalle. Más bien que Lacalle vino a la posición de Larrañaga y nuestra, lúcidamente. Nuestros «lienzos» se mantienen «planchados» y en correcta posición. ¡No se bajaron aún! Lo que pase de acá en adelante, será distinto. A la patria no se la deja sin gobierno, aunque en la realidad, exista tan poco. Se le dará la gobernabilidad que en su momento dio Wilson. Funcionó y se respetó. Si mañana ganase el Frente, cosa que obviamente puede darse, tenderemos la misma mano con igual grandeza que se hizo siempre. Y reclamamos, si nos tocase el triunfo a nosotros, igual tratamiento. Es ley de juego. La Nación está primero. *
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