SACAPUNTAS

Una buena

 

La ciencia ha probado que algunos intensos estados mentales, de conciencia, pueden conducir al hombre a una alucinación autoscópica. Es cuando la imagen exterior se independiza y se desplaza fuera del cuerpo. El poeta Shelley, por ejemplo, se miraba al espejo y veía a otro.

Es buena cosa que uno pueda verse en su interioridad, como realmente es. A un paso de esa visión de la verdad última aparece el desafío: uno puede aceptarse, rechazarse o corregirse, en cuyo caso baraja y reparte de nuevo.

Creo que Atchugarry es una buena persona y que en su interioridad –su mismidad, como diría Wimpi– hay nobleza. Es apenas una impresión, pero no veo razón alguna para ocultarla.

Ignoro si el ministro ha sufrido una alucinación autoscópica, pero lo que acaba de hacer le concede una estatura moral que va más allá de las discrepancias que con él se puedan mantener. Mediante una carta en la que asumió algunos compromisos, y que rezuma realismo y sinceridad, logró que una mujer que ayunaba como protesta reviera su actitud. Esta mujer tiene una deuda en dólares e integra la larga fila de gentes perjudicadas por haber confiado en ciertos dichos del gobierno.

Asumir lo que pasa y enfrentarlo a cara descubierta tiene hoy, a la luz del padecimiento nacional, un valor innegable. Estamos hasta la coronilla de políticos y economistas que ignoran la realidad y carecen de coraje para admitir los desaguisados que contribuyeron a perpetrar.

No digo que baste una carta para resolver como es debido el lío de las deudas en dólares, pero dudar de la sinceridad del ministro me parece, en este caso, un prejuicio. Al fin, lo que importa es que haya ido hacia el problema, estableciendo con la persona afectada una relación directa, cálida y respetuosa. No apeló al silencio ni a la indiferencia, usados hasta el hartazgo por algunos de sus colegas, ni buscó aquel otro recurso tan deplorable del político: «Vaya y dígale…, a ver ¿cómo le va a decir? Bien, pero dígaselo como cosa cuya, eh?».

Qué bien nos vendría –mientras se hace la luz– una epidemia de alucinaciones. *

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