La reestructura del sistema financiero –que debió encararse hace mucho tiempo– estuvo congelada por el “negocio” que concretaron por años los bancos uruguayos convertidos en la “caja negra” de la Argentina. Instituciones que en lugar de trabajar para cubrir las necesidades financieras de los distintos actores de nuestra economÃa, prefirieron la ganancia fácil, éticamente discutible, de aceptar depósitos de capitales que querÃan, por razones lÃcitas o ilÃcitas, escapar del paÃs vecino. Aquà podÃan escudarse en el férreo y éticamente deplorable secreto bancario. Capitales que eran enviados, en una proporción importante, a otros “paraÃsos fiscales” off shore.
El otro perfil en que trabajó la banca fue el comercial, tratando de financiar el consumo vÃa préstamos (cada vez más caros) y con la expedición de tarjetas de crédito, modalidad de compra que tuvo en el paÃs un incremento exponencial.
La tarea de fomento, que es quizás la más importante del sistema financiero, quedó casi exclusivamente en las manos del Banco de la República que, además, concretó una gestión en que lo polÃtico predominó sobre lo técnico y, obviamente, esos polvos trajeron muchos de los lodos en que hoy se encuentra empantanado nuestro principal banco estatal.
Por esas sucesivas historias que los uruguayos podemos contar sobre nuestro sistema financiero, es que aparece preocupante la manera en que las autoridades económicas siguen tratando la reapertura de los cuatro bancos hoy suspendidos. Los informes del economista Carlos Viera son contundentes y muestran que el gobierno, en lugar de utilizar el mecanismo de la transparencia para intentar solucionar una situación catastrófica, prefiere manejarse en el plano de las medias tintas de la vieja politiquerÃa tradicional. Esperemos que por el bien del paÃs, de la economÃa uruguaya, se encuentre una solución para estos bancos y, por consiguiente, para la totalidad del sistema financiero.
Pero tememos que esa neblinosa manera de actuar esté encubriendo temas enojosos, entre ellos algunos vinculados a las designaciones de autoridades para el llamado megabanco.
Si en esto funciona de nuevo el “acomodo” politiquero, dudarÃamos realmente que el esfuerzo, especialmente de los ahorristas y de los trabajadores bancarios, sirva finalmente para algo. *
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