Yo, vegetariano
De tanto que este gobierno ha descuidado y me refiero a lo que no hace para defender al contribuyente consumidor hay una que afecta algo esencial: el estómago. No es sólo el hambre que se expande, sino lo que cada vez más personas no pueden comer.
Hay cierta tendencia científica que nos viene invitando a disminuir, de forma drástica, el consumo de carnes rojas. No voy a contradecir ni apoyar acá los fundamentos que sostienen a esa corriente, más allá de mi grosero gusto carnívoro y del hecho de que somos el país del asado, la milanesa y los chinchulines.
La cuestión es que ahora comemos muy poca carne vacuna y parecemos impelidos a una suerte de precipitada conversión al vegetarianismo. Y ojo: no por recomendación médica sino por culpa de los frigoríficos.
Es que el precio de la carne se fue a la mierda.
Y si bien es cierto que el carnicero del barrio es siempre sospechable, no lo es menos que todos, gobierno incluido, sabemos que esto tiene un responsable identificable sin pudor ni errores: los frigoríficos.
Cuando reclaman porque no ganan lo suficiente o porque se le cierran mercados, se comportan igual que cuando sube el dólar y baja el peso. Actúan como si estuviesen condicionados por uno de esos procesos de tipo pavloviano. O sea, responden a un reflejo que se produce por la información obtenida filogenéticamente: «saben» de antemano qué es bueno para su supervivencia. Y te encajan el «libre» mercado y andá a quejarte a Magoya. A ellos les interesa la exportación. ¿El mercado interno? Que se joda.
Ah, ¿el gobierno, lector? Y… ¡bien, gracias!
Los «barones de la carne» han hecho con los amagues y las advertencias de Batlle lo mismo que aquel tipo al que Bertrand Russell interrogó sobre el camino más corto a Winchester. El hombre preguntó: -¿El camino a Winchester? Sí, contestó Russell. -¿El camino más corto a Winchester? Sí, dijo Russell. No sé, fue la respuesta final.
El tipo quería aclarar la naturaleza de la pregunta, por las dudas, pero no tenía el menor interés en contestarla.
O sea, dejate de embromar ¿querés? *
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