Ejércitos y gobiernos progresistas
El triunfo del candidato del Partido de los Trabajadores en Brasil reabre en el Cono Sur la cuestión de las relaciones entre las Fuerzas Armadas y las fuerzas políticas que impulsan cambios de signo progresista.
Se trata de un tema cardinal en la historia reciente de América Latina y, después del derrocamiento del presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, una cuestión que ha preocupado también a los partidos de izquierda y democráticos de Europa.
Se trata de una problemática compleja y que a menudo encuentra dificultades para abordarse a través de un debate serio y sereno.
En los últimos tiempos, la posibilidad de realizar un análisis de cómo evoluciona la situación y el pensamiento militar en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay se ve favorecida por la labor seria y continuada del Observatorio Cono Sur Defensa y Fuerzas Armadas, una conjunción de esfuerzos académicos destinada a realizar un seguimiento de la evolución de la fuerzas armadas en los países mencionados.
En estas semanas de triunfos progresistas en Brasil, la labor del Observatorio referida a esa experiencia adquiere una singular importancia. Para el analista uruguayo resulta casi inevitable trazar un paralelo permanente sobre las actuaciones de las fuerzas armadas en Uruguay y Brasil.
Una primera observación: el acontecer castrense de nuestros vecinos del norte es considerablemente más transparente que la nuestra. Los debates, contradicciones, críticas y tensiones que transitan por las Fuerzas Armadas tienen un alto grado de publicidad. No es el caso en estas comarcas.
En segundo lugar, si bien hay entre ambas instituciones una analogía profunda en cuanto al rol histórico cumplido en las décadas del sesenta y setenta (ambas participaron en golpes de Estado y en la instauración de férreas dictaduras) las prioridades actuales parecen ser bastante diferentes.
Resulta claro que, tal como lo ha remarcado Luis Ignacio Da Silva en un polémico discurso, las fuerzas armadas de Brasil tienen una vinculación estructural con una clase dirigente que apuesta a un cierto nacionalismo económico.
El proyecto de un desarrollo industrial autónomo, impulsado por la burguesía industrial de base paulista, presupone la existencia de un Estado fuerte, de una política de protección de las fronteras nacionales, ideas fuerza que, históricamente, han encontrado eco en extendidos sectores castrenses.
Como todos los aparatos militares de la región, algunas orientaciones internas y las presiones externas apuntan a una intervención decisiva en las cuestiones de la seguridad interior.
En Brasil esta problemática ha tomado una particular gravedad con el estado de inseguridad provocado por las acciones criminales de las bandas de narcotraficantes que operan en todo el país y se han hecho fuerte en algunas favelas de Río de Janeiro.
Frente a esas circunstancias, las orientaciones más ligadas a proyectos de corte nacionalista y desarrollista han puesto el acento más bien en las necesidades de la defensa nacional, bien diferentes por cierto de la doctrina de la seguridad nacional.
De este modo se ha puesto el acento en las necesidad que impone para las Fuerzas Armadas el ambicioso plan de vigilancia de la Amazonia (Sivam), gigantesca comarca convertida en terreno de disputa entre la soberanía brasileña y la impetuosa presencia militar norteamericana que, a pretexto de la lucha contra el narcotráfico, patrulla palmo a palmo la región.
Como era de esperar en Brasil no faltaron las presiones e insinuaciones contra el candidato presidencial del PT.
No obstante, hubo diálogo entre Lula y la oficialidad, se registraron diferencias y también coincidencias.
Eso sí, no hubo insinuaciones, ni amenazas, ni anuncios de vetos.
No hay duda de que Lula enfrentará graves problemas sociales y económicos apenas asuma la presidencia de su país.
En cuanto a la problemática militar, muchos progresistas querrían para un eventual gobierno de izquierda en Uruguay un estado de situación como se vive al otro lado de nuestras fronteras del Norte. *
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